Entrevista al Dr. Enrique Fabián: Andrólogo.

Enrique es el reflejo de una pasión por la vida, por la Medicina (así, en mayúsculas). Dotado de gran experiencia y de una gracia especial que forma parte de su piel, su gentileza y calidez es incapaz de dejar indiferente a nadie.

Dr. E. Fabián
Dr. E. Fabián

Hoy Enrique toma la palabra:

H.P.: Explícanos como fueron tus inicios en el mundo de la Medicina Reproductiva y qué evolución has presenciado en esta materia…

E.F.: Después de cursar la residencia en Cirugía en Brasil, me encontraba ejerciendo como médico de pueblo en la Amazonia. Allí, como te puedes imaginar, hacía de todo: Asistía partos, atendía picaduras de insectos, huesos rotos, etc. Era muy bonito y gratificante, aunque a veces angustiaba pensar que si no resolvíamos los problemas de los pacientes entre los cinco médicos que éramos ya no habría más opciones para ellos. La responsabilidad era muy grande.  El tema de los partos me encantaba y, de los cinco médicos, era el único que se atrevía con los fórceps cuando era necesario. Mis hijas eran pequeñas y vimos que era importante para su educación trasladarnos a un sitio con colegios. Un compañero andrólogo me recomendó venir a Barcelona a estudiar en la clínica Puigvert. Allí estudié la residencia en Andrología y conocí al Dr. Brassesco. Finalicé la residencia y tuve la oportunidad de seguir trabajando en este campo.  Mi mujer y mis hijas estuvieron de acuerdo en quedarse. Durante muchos años estuve trabajando en varios sitios a la vez y al final me quedé en el CIRH.

En cuanto a la evolución de la medicina reproductiva, todo ha cambiado mucho. La técnica avanza y eso es bueno, pero también me da miedo que llegue a deshumanizarse.

H.P.: Después de 20 años trabajando en el CIRH, si algo te caracteriza es tu lealtad incondicional hacia el Dr. Brassesco. ¿Cómo le definirías? ¿Cómo te sientes trabajando a su lado?

E.F.: Es un hombre que le gusta lo que hace, entiende del tema y tengo canal abierto para comunicarme cuando tengo dudas. Es la primera persona a quien consulto y he aprendido mucho con él.  La relación entre nosotros es buena, le tengo confianza como médico. En su día me dio la oportunidad de trabajar y siento gratitud hacia él.

H.P.: Es habitual que nuestros pacientes, durante el diagnóstico de infertilidad y los tratamientos, se enfrenten a un desgaste emocional importante. ¿Qué tipo de reacciones y sentimientos observas con más frecuencia? ¿Cómo intentas aligerar esa carga emocional en el trato con ellos?

E.F.: La gente viene angustiada. No entraba en su plan de vida venir a visitarnos. A veces echan la culpa al médico de su problema. Escucharles suele ser lo más útil. Trato de tranquilizarles sin engañarles y sin dramatizar (no hay que alimentar el drama). El tema económico también pesa.  Hay que ser conscientes de que decirle a una paciente “vuelve a intentarlo” es fácil, pero esa paciente está poniendo todo su esfuerzo y dinero y a veces no tiene recursos para seguir intentándolo. Por eso debemos ser honestos con los pacientes y ser realistas en el pronóstico.

H.P.: Las parejas que acuden a nuestro centro deben aceptar que, en su proyecto de concebir que habían imaginado como algo íntimo de dos personas, será necesaria la intervención de otros. Es decir, el proceso requerirá de la ayuda de profesionales. En nuestro ámbito, en el que convergen las libertades y limitaciones de lo privado, ¿Cómo consigues transmitir empatía y complicidad?

E.F.: Pues no lo sé. Supongo que trato las cosas con naturalidad, con normalidad. Cuando empecé a trabajar en reproducción, a veces me sentía “cortado” al realizar determinadas preguntas indiscretas pero, poco a poco, vas viendo que es necesario hacerlas como médico y vas desarrollando naturalidad. Intento que los pacientes se sientan cómodos, crear un vínculo para que me vean próximo, para que se relajen. Como te decía, escuchar al paciente es muy importante. Siempre estoy abierto a lo que me cuentan (incluso pequeñas cosas que no siempre tienen que ver con el problema de infertilidad). Me muestro interesado en mis pacientes y sus necesidades. Si me llaman por teléfono, siempre les atiendo personalmente. Si envían un correo electrónico, respondo a la mayor brevedad posible. A veces no tener resultados es una suma de angustias, así que hay que brindar apoyo emocional.

H.P.: Tu especialidad es la Andrología (anatomía, fisiología y patología del aparato reproductor masculino) y en los últimos años el factor masculino como causa de infertilidad ha ido en aumento. A nivel emocional, los hombres se están implicando cada vez más en los tratamientos. Cómo viven ellos su rol en esta ecuación de procrear? Cómo se muestran en tu consulta?

E.F.: Una gran diferencia que he observado entre hombres y mujeres es que el hombre es más reacio cuando tiene que aceptar un tratamiento con Donante de Semen que la mujer cuando necesita una Donante de Óvulos. Yo siempre les digo: “Si no estás seguro, no lo hagas”. Por lo demás, asumen bastante bien las cosas (ya vienen algo preparados, leen mucho en internet). También las intervenciones que no son de RA, como la vasectomía por ejemplo, te dicen que las hacen pensando en el bienestar de las mujeres, no quieren que se sometan a otras intervenciones traumáticas que pueden evitarse. Aceptan bastante bien que les hagas pruebas diagnósticas, que les hagas biopsias testiculares (aunque la mayoría vienen muertos de miedo), etc. También me transmiten que sienten que el instinto maternal es más grande que el paternal, y sufren mucho por sus mujeres intentando apoyarlas en todo momento.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

E.F.: Me gusta el trato con la gente y disfruto con los buenos resultados. Todavía se me ponen los “pelos de punta” cuando hago una eco y escucho el latido de un embrión. Y cuando detecto un aborto sigo derrumbándome y tengo ganas de irme corriendo de la consulta. Te diría que, después de 40 años dedicados a la medicina, me sigo implicando con mis pacientes como el primer día.

H.P.: Explícanos la anécdota más curiosa vivida en la clínica…

E.F.: Le pedí un seminograma a un paciente y le comenté que, antes de dejar la muestra de semen, sería bueno que estuviera 3 días de abstinencia. A los dos días, el señor vino muy angustiado preguntando si podíamos adelantar un día la prueba y si, después de dos días sin comer, estando tan débil, la muestra sería suficientemente buena. Me dieron unas ganas de reírme tremendas y a la vez me sentí fatal por no haber sabido explicarme mejor. Le pedí disculpas y le expliqué bien a qué tipo de abstinencia me refería.

H.P.: ¿En qué dirección crees que irá el futuro de la RA?

E.F.: Yo creo que cada vez más irá todo mecanizado y protocolizado, habrá más posibilidades técnicas.  Y, como te comentaba antes, aunque esto nos abrirá un mundo de posibilidades, me da un cierto miedo que se deshumanice la medicina. Para mí lo más importante para hacer buena medicina es la relación médico-paciente.

 

Entrevista a Eva Borao: Coordinadora del Departamento de Facturación y Responsable Comercial.

 Eva Borao
Eva Borao

Hablar de Eva es hablar de una profesional comprometida y leal. Partidaria del trabajo bien hecho, la definen cualidades como la discreción, el esfuerzo, la perseverancia y la autoexigencia. Eva forma parte del CIRH desde 2001 y ha podido presenciar el crecimiento de nuestro equipo y la espectacular evolución de la medicina reproductiva.

Aquí os dejo la entrevista!:

H.P.: Eres licenciada en Derecho, aunque nunca has ejercido como abogada. Explícanos como fueron tus inicios en la clínica y como el CIRH te fue llevando por un camino distinto al que tenías marcado.

E.B.: Recién licenciada en Derecho, necesitaba incorporarme urgentemente al mundo laboral, surgió la oportunidad de empezar a trabajar aquí y la aproveché. Pero lo que inicialmente contemplé como un trabajo temporal acabó siendo un periplo y aquí sigo todavía.

H.P.: Aunque actualmente trabajas en el Departamento de Facturación, a lo largo de estos casi 15 años, has desempeñado múltiples funciones. Durante mucho tiempo estuviste en el Departamento de Atención al Paciente. ¿Cómo crees que afecta la infertilidad a nivel emocional? ¿Qué observaciones tienes de nuestros pacientes?, ¿Qué preocupaciones e inquietudes solían transmitirte?

E.B.: El primer trabajo que realicé en el CIRH era metódico y aburrido pero llegó el primer periodo estival y me quedé como responsable de la consulta y fue en esa época cuando me empezó a gustar de verdad el trabajo, empecé a tomar decisiones y mis jefes se dieron cuenta de que podían darme más responsabilidad y autonomía.

En Atención al Paciente estuve muchos años y la verdad es que ha habido una evolución muy importante del perfil de paciente. Hace 15 años las parejas estaban más unidas y observaba que iban más a una en el proyecto reproductivo. Los pacientes eran más cercanos, explicándote sus inquietudes y alegrías.  También había muchas parejas que venían de situaciones familiares complicadas (por ejemplo, la muerte de un hijo), venían con cargas emocionales muy fuertes y cuando iba todo bien te hacían partícipe de la victoria. En estos años la evolución de la sociedad también ha marcado el perfil de las parejas y por tanto de nuestros pacientes. Yo diría que en estos momentos muchas parejas llevan al extremo su “programación laboral” y como consecuencia su “programación reproductiva”. Es otro tipo de deseo. Y a veces observo más el deseo de un miembro de la pareja, que de los dos. En cuanto a la concepción del paciente ahora, creo que ya no comparte tanto contigo sus emociones y alegrías. Es todo más impersonal porque van “cronometrados” y sin tiempo, esto hace que muchas veces les tengamos que atender dedicándoles menos tiempo del que desearíamos (aunque no siempre ni todos van con prisa y, si nos “dejan”, siempre intentamos dedicarles todo nuestro tiempo y atención). Debido a la crisis económica los pacientes no siempre pueden ausentarse en su vorágine laboral ni explicar los tratamientos que están realizando a sus jefes. A veces, vienen muy angustiados por esto y también por la carga económica que suponen los tratamientos.

H.P.: Desgraciadamente, no todos los pacientes se van de la clínica con su deseo cumplido. ¿Cuáles crees que son las principales causas de abandono de los tratamientos de RA?

E.B.: Yo creo que, desgraciadamente, la causa principal es la económica. Además, nos han quitado las ayudas que teníamos de la Seguridad Social y esto ha hecho que los pacientes tengan que costear todo la medicación que es carísima. Así como todas las nuevas pruebas genéticas diagnósticas. Otra causa muy importante es la psicológica. El paciente anímicamente a veces necesita “parar” porque llega un momento en que todo gira en torno al mismo proyecto, se desgastan y pierden la alegría, la ilusión por el proyecto. También he notado que años atrás, la mayoría de las parejas que abandonaban los tratamientos de RA, buscaban el camino de la adopción. En cambio ahora, mucho menos. Seguramente por la edad avanzada de muchas parejas y también por lo difícil que es en estos momentos la adopción internacional.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué? ¿Qué es lo más importante que has aprendido en el CIRH?

E.B.: Ahora ya no estoy tanto cara al paciente, cosa que me encantaba. Estoy realizando un trabajo más interno. Echo de menos el día a día con los pacientes. Pero la ventaja es que puedo planificar mejor mi trabajo diario y tener más autonomía. Y, por supuesto, es muy satisfactorio pensar que, aunque ya no trabajo cara el público (hablo más con ellos a nivel telefónico o por correo electrónico para aspectos más específicos o prácticos), todo lo que hago, en última instancia, es para que nuestros pacientes cumplan su deseo de ser padres. A veces, viene algún paciente a la clínica y cuando me “pone cara” me hace ilusión poder darle dos besos. Por otro lado, también me gusta que los directivos del centro cuenten conmigo en el proyecto de futuro. Eso a nivel personal es gratificante.

Lo más importante que he aprendido en el CIRH es que la ilusión y la perseverancia hacen que consigas recoger tus frutos. En el CIRH la política de “tirar la toalla” no existe, el 2+2 son 4 no existe. Me quedo con el sentido de la lucha.

H.P.: Explícanos la anécdota más divertida que te haya sucedido trabajando…

E.B.: Tengo una colección de anécdotas graciosas. Por mi carácter personal, siempre me he involucrado mucho en el trabajo y esto me ha dado pie a que me ocurran cosas muy divertidas. Te voy a explicar una: Era un viernes por la mañana. Teníamos aquel día muchísimo trabajo. Yo cuando atiendo al paciente, para mí él es una persona con nombre y apellidos y le dedico el tiempo que sea necesario sin estar pendiente de ningún otro tipo de connotación. Aquel día estaba atendiendo a unos pacientes, había mucha cola de espera y se me acercó un señor saltándose toda la cola. Se puso a mi lado y me dejó encima del mostrador una muestra de semen en un bote de recogida. Entonces, le dije “un momento por favor, recoja usted su muestra y cuando le llegue su turno le atenderé”. A lo que él respondió: “Tengo prisa”. Y yo le contesté: “Entiendo que pueda tener prisa pero los pacientes que estoy atendiendo también”. Él volvió a contestarme “Soy taxista”. Le respondí: “Yo secretaria. Por favor, guarde su turno”: Cuando llegó el momento de atenderle a él, éste me entregó nuevamente la muestra y, siguiendo el protocolo de seguridad, le pedí el DNI para acreditarse. Él dijo que lo tenía en el coche y yo le comenté que no podía recoger la muestra si no se identificaba con el DNI. El señor fue al coche y volvió con el DNI. Empecé lo más rápido posible a rellenar su ficha y cuando le pregunté para qué era la entrega de la muestra (si para un seminograma, para un tratamiento FIV…en aquella época no siempre se programaban las recogidas de muestra), él me respondió “Y yo que sé. Yo sólo soy el taxista que traigo la muestra”. Me quedé petrificada y obviamente no acepté la muestra, le pedí disculpas por el tiempo perdido y le dije que es el propio paciente o su pareja con previa autorización quién debe entregar la muestra. Algo parecido sucedió, aunque no fue tan cómico, una vez que vino el cuñado de un paciente famoso. Afortunadamente, seguimos siendo igual de estrictos en la seguridad, manipulación e identificación de todas las muestras biológicas, pero ya hace muchos años que no nos pasan estas cosas. Todo está más protocolizado (antes se informaba a los pacientes en la visita médica de que tenían que ser ellos o su pareja con autorización firmada quienes entregaran la muestra y ahora, además de esto, se les da por escrito esta información) y el sistema de recogida de muestras ha cambiado mucho (los pacientes disponen de una sala en la que pueden recoger su muestra en la más absoluta intimidad, no tienen que hacer cola para entregarla y la entregan directamente al laboratorio, etc.).

H.P.: ¿Qué crees que nos depara el futuro de la RA?

E.B.: Por mucho que lo imagine, no puedo saber dónde vamos a llegar en un mundo todavía por descubrir, que evoluciona a pasos agigantados. Pienso que debería ir hacia la erradicación de ciertas enfermedades hereditarias. La RA no debe verse como una “selección”. Debemos verla como una posibilidad de que nuestros hijos no sufran determinadas enfermedades.

Mi paciente bloguera

Hoy os presento a una paciente muy especial, ingeniera de profesión y de la vida cotidiana (tal y como se define ella misma), cuyo testimonio estoy encantada de publicar, ya que seguro os ayudará a much@s. Y aprovecho la ocasión para recomendaros un blog (https://diariodeunamadreingeniera.wordpress.com) que por alguna extraña razón no supe que escribía hasta que dejó de visitarse en el centro, dónde cuenta todas sus peripecias en el camino hacia la maternidad sin censuras y desde la más absoluta honestidad. Hoy Clara nos cuenta su historia:

Mi paciente bloguera

“Empezamos la búsqueda de nuestro embarazo en Agosto de 2013, dos meses después de nuestra boda. Recuerdo que yo me sentía fértil, ¡vaya tontería! Pensaba que me quedaría embarazada enseguida, pero no fue así.

Mi marido tiene esclerosis múltiple, y 6 meses después de haber empezado la búsqueda nos preguntábamos si la medicación tendría algo que ver en sus espermatozoides. Un seminograma nos sacó de dudas. Aparentemente, él no era el problema.

Solicité a mi ginecóloga un análisis hormonal que no salió acorde a mi edad. No obstante, la ginecóloga lo calificó como un “mal ciclo”.

Los meses siguieron pasando, y empezamos a usar métodos caseros como la temperatura basal, tests de ovulación, piernas arriba tras las relaciones sexuales… Pero seguía sin ocurrir nada.

Después del verano del 2014 y de haber cumplido el año de rigor de búsqueda, mi ginecóloga me recetó Omifín para estimular mis ovarios.

Previamente a esto, me había hecho un par de análisis más que seguían haciendo que fuese la única que sospechase que algo pasaba. La profesional seguía viéndolo como “malos ciclos”.

Además, desde que empecé la búsqueda, siempre veía el mismo folículo en mi ovario derecho. Fui yo la que le dije a la ginecóloga que siempre era el mismo, y entonces confirmó que se trataba de un quiste. Para ella siempre era “un folículo bonito”.

Solo tomé un ciclo de Omifín. Los efectos secundarios fueron horribles, no funcionó, y después de la estimulación, mi quiste seguía ahí. Le dije a la ginecóloga que me negaba a seguir estimulándome sin saber si mis trompas estaban bien. Le solicité una histerosalpingografía y un análisis de hormona antimulleriana, pues esos análisis que para ella no tenían importancia a mí me dejaron muy mosca.

Fue a raíz de pedir autorización para la hormona antimulleriana que el seguro privado me derivó al CIRH. Y pensé “quizás es lo mejor, que me vea alguien que sabe del tema y no juega a las muñecas conmigo”.

Mi primera cita en el CIRH fue genial. La doctora que me atendió estudió mis análisis detenidamente y me hizo una ecografía. Me dijo que sospechaba lo que yo me temía. Fallo ovárico prematuro y baja reserva ovárica. A falta de la hormona antimulleriana, ese era mi prediagnóstico.

Y no nos equivocábamos. Con una antimulleriana de 0,7 más acorde con una mujer de cuarentaytantos que conmigo que tenía 28, podíamos empezar a hablar de tratamientos y apostamos por la FIV-ICSI.

De forma urgente y por empezar el tratamiento lo antes posible, había que puncionar mi quiste. Gracias al equipo de Ginex Corachan que pudieron hacérmelo al día siguiente. Eso sí, sin anestesia.

La estimulación de mi FIV fue bien. Ya hice un tratamiento de donación de óvulos cuando tenía 22 años (que no pudo acabarse, que sospechoso, no?) y el hecho de pincharme a mí misma, no era un drama.

De mi ciclo de FIV-ICSI se obtuvieron 5 ovocitos, lo que se esperaba dada mi reserva ovárica. Fecundaron 4 y siguieron adelante todos.

Mi primera transferencia embrionaria fue el 18 de diciembre de 2014. Podía ser una navidad especial, podía ocurrir por fin un milagro. Nuestro embrioncito era un hermoso B.

Pasé una betaespera tranquila, y hacia los últimos días, empecé a impacientarme ya que tenía algunos síntomas. Dolor de pechos, sobre todo.

Tuve mi beta el día 1 de enero del 2015, y a las 8 de la mañana ya estaba en el laboratorio. Cuando recibí los resultados sabía que algo no iba bien. Beta de 45, cuando el embrión tiene 15 días, no da muy buenas esperanzas. Sabía que podía tratarse de un bioquímico, pero a veces ocurre el milagro, y solo quería esperar a que se duplicase en el siguiente análisis.

Al día siguiente, mientras dormía por la noche, me desperté con dolores de regla muy fuertes. Me levanté al baño y sabía lo que eso significaba. Empecé a sangrar a borbotones y yo no dejaba de llorar. Llamé a urgencias del CIRH y me dijeron que me repitiese la beta al día siguiente, que lo importante ahora era descartar un ectópico.

La beta subió a 65, y yo seguía sangrando. Fue un fin de semana durísimo, y el día 5 de enero fui a la clínica donde se confirmó mi bioquímico, pues en la ecografía mi endometrio estaba finísimo. Repetimos la beta y ya había bajado a 8. La parte positiva es que mi cuerpo lo había expulsado solito.

Nuestra noche de reyes fue muy triste. Solo quería llorar, y aunque no dejábamos de repetirnos que “algo es algo”, era muy difícil.

Decidimos esperar un ciclo y volverlo a intentar con una pareja de embriones B y C que estaban congelados juntos. Empecé con la medicación propia de un ciclo sustituido y el día de la descongelación me dieron la noticia. El B no había superado la descongelación, pero el C si. ¿En serio yo formaba parte de ese 5% de descongelaciones que no salen bien?

Al día siguiente, en la transferencia embrionaria, estábamos decaídos, pero nuestro C se seguía desarrollando y con 4 días estaba compactando. ¿Por qué no? La transferencia fue muy dolorsa, y sangré.

Jamás sabré si eso tuvo algo que ver con el negativo de este intento, pero sé que lo que pase en la transferencia embrionaria es vital para el resultado de la misma. Así lo he leído en infinidad de artículos a estas alturas.

Solo nos quedaba un embrión. El miedo del bioquímico, el miedo a que no superase la descongelación. A mi doctora del CIRH le pedí que me hiciese la transferencia otra persona, pues tenía la espinita clavada y así lo hicimos.

Volví a la medicación de ciclo sustituido, y el día de la descongelación me llamaron para decirme que nuestro embrión B seguía intacto y que nos veríamos al día siguiente.

Cuando llegamos al laboratorio ilusionadísimos nos dan la mala noticia de que nuestro embrión no se había desarrollado lo que debería, pues solo tenía una célula más que el día anterior cuando debía haber doblado. No tenía muchas posibilidades, pero me lo iban a poner igualmente. Lo habían calificado con calidad D.

Lo que sentí en ese momento no lo puedo ni explicar. “¿Para qué me cuentan esto?”

La transferencia fue perfecta, pero los días posteriores los pasé llorando, y fue cuando decidí visitar a Helga.

A lo largo de este ciclo, sufrí mucha ansiedad. El último intento crea muchas expectativas y miedos. La incertidumbre de no saber si alguna vez sería mamá, era muy fuerte. Estaba asustadísima.

Me llené de fuerzas y sorprendentemente, asumí otro negativo. Era mi método de defensa, así podía seguir viviendo.

La betaespera la pasé como si no estuviese en betaespera. No caminaba con cuidado, no pensaba en que podía estar pasando algo. De hecho, no sentía absolutamente nada. Ni un solo síntoma. NADA.

3 días antes de la beta me hice un test de embarazo ultrasensible. Mi marido estaba llorando en la habitación y pensé “si sale negativo, pues no digo nada, pero si sale positivo, le arreglo el día”.

Enseguida se empezó a ver una sombra muy muy leve, y yo no me lo podía creer. Cuando fui a decírselo a mi marido se quedó de piedra y entonces nos asustamos mucho más. “Y si es un bioquímico? Y si no sale bien?”

El 7 de abril la beta dio 204, pero el miedo no me abandonó en ningún momento y menos cuando dos noches después, volví a sentir esos dolores del bioquímico. Pensaba que se había acabado todo, pero no, simplemente era mi útero que se estaba expandiendo.

A las 6+4 semanas y habiendo escuchado el latido del embrioncito que no tenía esperanzas, me dieron el alta en el CIRH y ya comencé a llevar mi embarazo con un ginecólogo normal (evidentemente no volví a mi ginecóloga anterior).

Hoy ya estoy de 15+2 semanas, y a veces me cuesta creer que esté embarazada. Me pongo a llorar viendo videos de bebés, recordando lo difícil que ha sido el camino hasta aquí, y aunque quizás no haya sido realmente largo, estos 20 meses que nos ha costado conseguir el embarazo han sido muy angustiosos.

Estamos felices, ilusionadísimos. Deseando que llegue la siguiente ecografía para poder volver a ver a nuestro bichito. Nos da igual el sexo, solo queremos que esté bien, que pase el tiempo y que nazca ya. Esa será nuestra victoria.

Mi consejo para quien le pueda servir, es que luche por lo que realmente quiere, y desgraciadamente, no siempre damos con los profesionales adecuados. ¿Qué hubiese sido de mí si hubiese dejado que esta ginecóloga me recetase 3 ciclos más de Omifín?

Debemos tener inquietudes, llevar los deberes hechos de casa y hacer todas las preguntas que creamos convenientes. Los ginecólogos son los profesionales, pero trabajan con nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra ilusión. Si hay algo que no os cuadra, luchadlo, porque es vuestro.

Quiero dar las gracias al equipo del CIRH y Ginex, en especial a R. Borrás que fue la que me visitó por primera vez y me hizo sentir comprendida. A K. Lattes que respondía a todas mis preguntas y peticiones, a M. Brassesco, que fue super cariñoso tanto en la punción de mi quiste como en la confirmación de mi bioquímico, al Dr. Salamero por ambas punciones, a Helga por dejarme vaciar un poco más la caja de pañuelos de su despacho y por supuesto a los que están por detrás, los biólogos, cuyo trabajo es tan importante que sin ellos no sería posible que nos embarazásemos con la ciencia.”

Bailando con la infertilidad

Nunca olvidaré la primera vez que M. cruzó la puerta de mi consulta. Parecía un cisne blanco con un millón de cuchillos clavados en su alma. Su porte elegante y distinguido, su cuerpo esbelto de extremidades largas, los pies abiertos por primera posición y su larga melena de rigor, me dieron pistas de que podía tratarse de una bailarina. Recuerdo que, nada más sentarnos, eché un vistazo a la historia clínica discretamente y constaté que no me equivocaba, pues la Dra. Maqueda había anotado su profesión.

Cuando acudió a la primera visita psicológica, M. tenía 35 años y acababa de realizar un ciclo de FIV negativo en el que los biólogos habían observado óvulos de muy baja calidad. En aquellos momentos, se encontraba en plena elaboración del duelo genético que suponía realizar un tratamiento con óvulos de donante, que era la opción que su ginecóloga le recomendaba.

M. sentía que su desgaste emocional empezaba a afectarle dentro y fuera de las tablas. Ella, acostumbrada como estaba a la exigencia física y psicológica de la danza clásica, por primera vez se sentía impotente, incapaz de resolver su problema.

En muy pocas sesiones establecimos una potentísima alianza terapéutica, dándonos cuenta de que el lenguaje del ballet nos ayudaría como herramienta de comunicación. Las sesiones con M. fueron especialmente estimulantes para mí, pues me transportaban a aquellos años en que el maestro Tena pronunciaba nuestros pasos en su perfecto francés y golpeaba el suelo marcando el tempo de los movimientos con su bastón de madera. Siempre digo que todo lo que soy hoy, en gran parte, se lo debo al ballet. Esta disciplina artística me ha ayudado más en mi vida personal y en mi profesión actual de psicóloga que los estudios universitarios realizados. El ballet te ayuda a superar obstáculos, a pararte a mejorar un movimiento, a reflexionar y tomar conciencia de ti misma, a conocer las propias limitaciones y seguir avanzando, a aceptar las críticas y apreciar a los demás, a desarrollar dosis de paciencia y sensibilidad, a hacerte flexible mientras ganas en fortaleza, a fijarte metas. Todas esas aptitudes, que forman parte del día a día en la vida de todas las personas, son el ballet, y más. Así que nunca me cansaré de predicar los beneficios de la danza clásica a nivel emocional e intelectual, ni de utilizar las lecciones aprendidas para ayudar a mis pacientes en su proceso de maduración personal.

Con M. funcionó. Cuando M. tomó conciencia de que, a través del ballet, podía encontrar su posición en la vida y trasladar su equilibrio sobre las puntas a la compleja situación emocional que estaba viviendo, se liberó. Se liberó del lastre que llevaba años arrastrando y hoy baila junto a una adorable niña de 3 años que también deberá aprender a caer para levantarse, a equivocarse y continuar mejorando, a esforzarse día a día y, en definitiva, a vivir hacia delante.

Révérence a todas las bailarinas de la infertilidad

¿Qué relación existe entre el estrés y la infertilidad?


¿Puede el estrés por lograr un embarazo ser responsable de los problemas para concebir? ¿Puede la ansiedad impedir que una mujer se quede embarazada?

Numerosos estudios han investigado el papel del estrés en la infertilidad, unos intentando establecerlo como factor causal de la esterilidad y otros como consecuencia de ésta.

Sabemos que la edad y el consumo de alcohol o tabaco son factores que influyen en la concepción pero el estrés es una variable mucho más difícil de evaluar.

Que relacion existe entre el estres y la infertilidad 2

Existe evidencia científica de que los pacientes de infertilidad sufren un fuerte impacto emocional, presentando muchos de ellos en algún momento del diagnóstico y/o el tratamiento de Reproducción Asistida síntomas clínicos de cierta significación. Las investigaciones revelan que nuestros pacientes presentan mayores niveles de ansiedad, estrés y estado de ánimo depresivo que el resto de la población. Incluso hay estudios que sugieren que el nivel de desajuste emocional de los pacientes de infertilidad es similar al de pacientes oncológicos. No obstante, aunque se ha demostrado que el estrés es una consecuencia directa de la incapacidad de procrear, no está tan claro que los factores emocionales puedan impedir la concepción.

La llamada esterilidad de causa psicógena es un tema controvertido. Hay algunas líneas de investigación que sugieren que el estrés y la depresión alteran el sistema psico-neuro-immune-endocrino afectando la capacidad reproductiva femenina (principalmente se está estudiando como la ansiedad emocional podría repercutir en la función del hipotálamo, una glándula endocrina que interviene en la regulación de los ciclos menstruales; como el estrés podría alterar el transporte de los óvulos a través de las trompas de Falopio y el fluido uterino de la sangre; y si los niveles de prolactina, cortisol y alfa-amilasa -componentes del estrés- están más presentes en las mujeres que tardan más en quedarse embarazadas). En el caso de los hombres, los estudios sugieren una correlación negativa entre el estrés de los varones y la calidad del semen (los trastornos emocionales afectarían principalmente a la concentración y el volumen de esperma). En todo caso, los estudios son escasos y sus resultados no son concluyentes.

Es cierto que cada día la investigación en Neurociencias nos demuestra que la mente y las emociones influyen en todas las funciones del cuerpo (la respiración, la circulación, la digestión, la producción de hormonas, el sistema inmune), pudiendo afectar a las hormonas implicadas en la fertilidad y la concepción. El cuerpo cambia momento a momento. Y la mente y los estados de ánimo cambian incluso más rápido. Sin embargo, llama la atención como mujeres en situación de estrés agudo, como por ejemplo una violación durante una guerra, quedan embarazadas (este es el ejemplo que explicamos siempre los psicólogos a nuestros pacientes). Aquí tenemos que diferenciar entre el estrés agudo y el crónico. Los estudios van en esta dirección, en el estrés que se mantiene de forma prolongada en el tiempo y podría alterar el sistema inmune o el endocrino. Ahora bien, la capacidad reproductiva se ve afectada por tantísimas variables (edad, estilo de vida, tiempo buscando embarazo, etc.) que no se puede establecer una causalidad directa. Si realmente influye el estrés crónico, seguramente lo hace de forma parcial y puede dificultar pero no imposibilitar un embarazo.

Hubo un tiempo en que se describieron los factores emocionales como responsables de los casos de Esterilidad de Origen Desconocido (E.O.D). No obstante, la proporción de parejas con E.O.D ha disminuido con la sofisticación del diagnóstico médico, encontrándose causas no psicológicas.                                                     Actualmente el 15% de los casos de infertilidad no se atribuye a una causa médica definida. Sin causa clara, el entorno familiar y social considera que los problemas para procrear se derivan tan solo de la ansiedad que experimentan las parejas que ven frustrado su deseo de tener un bebé. Esto se traduce en parejas y, muy especialmente en mujeres, que se sienten culpables de no quedarse embarazadas pensando que la causa de no conseguirlo es su estado emocional, cuando esta asociación en ningún caso está demostrada. Los que tienen dificultades para concebir deben lidiar con los comentarios bienintencionados y dolorosos de los que están al “otro lado del cristal”. Esos familiares, vecinos y amigos que les dicen: “Olvídate, vete de vacaciones a la playa y verás cómo te quedas embaraza”, “Si es que con el estrés que lleváis en el trabajo, es normal que abortes”, “En mi época nadie se hacía tratamientos y todas nos quedábamos embarazadas”. Todos estos comentarios, no sólo no ayudan, sino que hacen mucho daño, aumentan la ansiedad, responsabilizan a las mujeres del embarazo atribuyéndoles una capacidad omnipotente de ser madres y, lo peor de todo: Son infundados.

Como ya hemos dicho, aunque los especialistas en psicología y en reproducción reconocemos que la infertilidad y los trastornos psicológicos están íntimamente relacionados, no existe evidencia científica, no se ha demostrado que la ansiedad afecte a la fertilidad natural de la mujer o sea un factor determinante para el resultado del tratamiento. No hay estudios concluyentes que demuestren que el estrés por sí mismo cause esterilidad. Lo que la literatura científica sí evidencia es que los factores emocionales son la principal causa de abandono de los tratamientos, por delante de los aspectos médicos o económicos. De manera que la tasa acumulada de embarazo es más alta cuando el estado psicológico de los pacientes es bueno, porque disminuye la tasa de abandono del tratamiento y esto se traduce en más posibilidades de tener el niño en casa. Por tanto, la intervención psicológica para reducir la ansiedad puede jugar un papel importante en el incremento de la posibilidad de un embarazo.

Todos los días llegan a mi consulta pacientes angustiadas, estableciendo una relación causal entre la ansiedad y el resultado no esperado. Con todas soy categórica, a todas les digo lo mismo: La ansiedad hay que cuidarla por nuestra salud emocional, para aumentar nuestra calidad de vida, no porque la ansiedad impida embarazos o provoque abortos. Hay que desterrar estos mitos popularmente instaurados. Mi experiencia profesional me dice que aquí en el CIRH todas las pacientes están nerviosas y tenemos embarazos a diario. Y este hecho es muy significativo.

Para concluir, decir que podéis tranquilizaros en cuanto a la angustia emocional causada por problemas de fertilidad u otros acontecimientos vitales: Ésta no pondrá en peligro la posibilidad de quedaros embarazadas. Sin embargo, aliviar el sufrimiento psicológico y cuidar la ansiedad, no sólo aumentará vuestra calidad de vida sino que mejorará vuestra adaptación y resistencia, contribuyendo a disminuir el abandono de los tratamientos, y esto a su vez redundará en incrementar las tasas de embarazo y cumplir vuestro deseo.

¿Qué le contamos a nuestro hijo acerca de sus orígenes biológicos? ¿Existen repercusiones psicológicas?


Cada vez son más las personas que conciben a sus hijos a través de tratamientos con óvulos y/o espermatozoides de donantes. Y todas ellas, antes o después, se enfrentan a un gran interrogante: ¿Debe el niño nacido por donación de gametos conocer su origen biológico? ¿Qué efectos conlleva a nivel psicoemocional revelarlo o mantenerlo en secreto?

“Contar o no contar”: ¡Esa es la cuestión! Esta es una duda por la que atraviesan muchos pacientes y también profesionales…

En España la legislación no obliga a dar a conocer este hecho a los hijos. Por tanto, la ley deja libertad y responsabilidad a los padres para revelarlo o no.

Que le contamos a nuestro hijo acerca de sus origenes biologicos Existen repercusiones psicologicas

Aunque existen dos posicionamientos opuestos al respecto por parte de las familias, entre los profesionales de la salud la tendencia actual es de apertura al niño sobre la donación. De hecho, el Grupo de Interés en Psicología de la SEF confirma esta postura, sin prejuicio, obviamente, de respetar las decisiones de cada padre o madre. Pues se trata de una decisión íntima y personal de cada familia que va a depender de sus valores, contexto sociocultural y de la propia aceptación de la técnica que les ha permitido tener un hijo.

Numerosas investigaciones sugieren mantener una postura de apertura hacia el niño y naturalizar la situación, ya que no decírselo puede causarle un daño psicológico importante. La evidencia científica afirma que mantener el secreto puede dañar la relación familiar de confianza y el desarrollo psico-afectivo del hijo. Los secretos no son beneficiosos en ninguna relación, ya que generan distancia afectiva. Hemos de tener en cuenta que el vínculo afectivo con los hijos se construye en la convivencia del día a día, en la crianza, en el amor, y no depende del origen de una célula inicial. Además, se ha estudiado que los niños descubren las “claves ocultas” que desarrollan sus padres a la hora de hablar entre ellos sobre lo que se está ocultando y muchos pacientes refieren haberle contado a alguien el origen genético de su hijo pudiendo hacer esto que el niño se entere de forma accidental y abrupta, cuando es importante que éste sea informado por sus padres de una forma adecuada y en un momento oportuno.

Es beneficioso que se le explique a una edad temprana (no esperar a la adolescencia ni a la edad adulta) con naturalidad, sencillez y teniendo en cuenta su nivel madurativo. Recomendamos dar el paso entre los 4 y los 8 años de edad, dejando que sea el propio niño el que marque el “tempo” a medida que vayamos viendo que se interesa por la cuestión gestacional y utilizar cuentos y analogías para explicárselo.

Cuando se está elaborando el duelo genético que conllevan estos tratamientos, muchas veces se magnifica la importancia que se adjudica a la herencia genética. Es bueno recordar aquí que los seres humanos somos 99% iguales y sólo un 1% de nuestro ADN nos hace diferentes. Lo que mayoritariamente se transmite en ese 1% son predisposiciones a enfermedades y rasgos fenotípicos (principalmente elementos físicos y morfológicos tales como el color y textura del cabello, la estatura, el color de ojos, etc.). La crianza, los valores, el amor del día a día de la relación paterno-filial, no están incluidos en ese 1%. Ese niño, como alguien dijo (ignoro el autor), “tal vez no tenga tus ojos pero sí tu mirada, tal vez no tenga tu boca pero sí tu sonrisa, tal vez no tenga tus brazos pero sí ciertos gestos de quién le acuna”…

En todo caso, hemos de tener en cuenta que ser madre o padre es algo mucho más importante que proporcionar un gameto y que el equilibrio emocional de un hijo depende de la seguridad y el afecto que nosotros le brindemos y todo esto, por supuesto, no está inscrito en los genes. El origen de un hijo está en el deseo de ser padres, no en las células germinales.

No es padre o madre quien generosamente dona sus cromosomas, sino quien ama, cuida, protege, educa, juega y riñe durante toda una vida.

Entrevista a Olga Cairó: Bióloga. Coordinadora del Laboratorio de Fecundación In Vitro (FIV).

Olga Cairó
Olga Cairó

Olga es el reflejo de una mujer perseverante, amante del trabajo en equipo y comprensiva con el ser humano. Muy consciente de su labor en ese milagro llamado “vida”, el Laboratorio de FIV que coordina es el lugar donde nuestros biólogos consiguen que un óvulo y  un espermatozoide se unan y den lugar al inicio de la gestación.

Hoy hablamos con Olga:

H.P.: Para muchos pensar en un laboratorio de FIV es imaginar el mundo de ciencia ficción que describía el novelista inglés Aldous Huxley. Aunque afortunadamente no se han cumplido los peores vaticinios de este clásico de la literatura de mediados del siglo pasado, sí se han materializado algunas de sus previsiones. Durante los 20 años que llevas trabajando con el Dr. Brassesco has asistido a una auténtica revolución. Explícanos cómo te iniciaste en este campo de la ciencia y qué evolución has observado.

O.C.: Durante mis años universitarios siempre me interesó muchísimo la Embriología y me apuntaba a todos los cursos de Reproducción Asistida que se organizaban. Cuando me licencié, enviando currículums llegué a la Fundación Puigvert y allí conocí a Lluís Bassas y me comentó que había un médico joven (Dr. Brassesco) que estaba montando un centro de RA y ofrecía trabajo. No me lo pensé, allí “aterrizé” en el mejor momento posible, pues además de mis funciones como bióloga, tuve que realizar muchas otras para cubrir la baja maternal de la enfermera del Dr. Brassesco. En estos años he presenciado una evolución espectacular, pues empezamos con un mini incubador, una camilla y una lupa; y en la actualidad tenemos 30 incubadores, 4 microscopios de alta resolución y un equipo de más de 10 profesionales en el laboratorio de FIV.

H.P.: Conoces bien al Dr. Brassesco. ¿Cómo le definirías? ¿Cómo vive su trabajo? ¿Cómo te sientes trabajando a su lado?

O.C.: El Dr. Brassesco es un entusiasta y apasionado de su trabajo. Creo que su trabajo es su vida, es inagotable y siempre está dispuesto a evolucionar, a crecer y a avanzar. A su lado a veces me siento “pequeña”, siempre me saca de mi zona de “confort” pero ya me gusta que sea así. Me hace ser inconformista y esto a la larga creo que será bueno.

H.P.: Nuestro laboratorio de FIV cuenta con los últimos avances tecnológicos (incubadores, microscopios, filtros de aire, campanas de flujo laminar, etc.) pero las piezas más importantes en esa parte de la cadena que hace realidad el sueño de nuestros pacientes sois los biólogos. Más allá de los conocimientos técnicos, ¿qué cualidades crees que debe tener un biólogo experto en Reproducción Asistida?

O.C.: Ante todo, tiene que ser muy profesional y consciente de que detrás de esos embriones (que todos nos parecen similares) y de la rutina diaria, existen “nombres y apellidos” y muchas ilusiones.

H.P.: Desde la fecundación del óvulo por el espermatozoide y hasta que tiene lugar la transferencia de embriones en el útero materno, los embriólogos seguís y valoráis el desarrollo de los embriones llamando a los pacientes diariamente para que conozcan su evolución a la vez que atendéis cualquier duda que les pueda surgir. Este tipo de llamadas pueden llegar a ser muy inquietantes para los pacientes. ¿Cómo vives estos momentos en los que tienes que transmitir este tipo de información?

O.C.: Depende. Si tengo que transmitir buenas noticias, lo vivo con muchas ganas e ilusión, aunque siempre con cierta prudencia. Si las noticias no son tan buenas, intento hacerles ver que siempre hay posibilidades, que siempre se puede hacer algo más y que en muchos de los casos, incluso con un embrión no excesivamente bueno, hay alguna posibilidad.

H.P.: Y llega el momento en que aquellos embriones evolutivos que se encuentran en mejor estado son seleccionados para trasladarse al útero materno. Siempre he pensado que el momento de la transferencia embrionaria es uno de los más emocionantes de los tratamientos de FIV. Las veces que he podido presenciarlo, ha sido muy emocionante ver las muestras de cariño y apoyo entre las parejas, así como poder percibir su esperanza, muchas veces transformada en lágrimas, haciendo que se nos “estruje” el corazón a todos. ¿Qué observaciones tienes tú de los pacientes durante la transferencia? ¿Qué experiencias vividas nunca olvidarás?

O.C.: La mayoría de los pacientes en esos momentos están muy expectantes, nerviosos y muy pendientes de todos los pasos que damos en un momento muy especial. Muchos de ellos, están viendo a sus hijos cuando apenas tienen un puñado de células y esto es muy emocionante.

En cuanto a experiencias vividas, la sensación más gratificante para mí es ver casi a diario o muy a menudo el resultado de niños de 6 u 8 años que en su día los tuve en una placa de laboratorio. A veces me siento como un “micro pediatra”.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

O.C.: Evidentemente, como te decía, el resultado. Sentir que puedes ayudar o colaborar a que las personas cumplan sus sueños.

H.P.: Explícanos la anécdota más curiosa que te haya sucedido trabajando…

O.C.: Puedo contar muchas, por ejemplo relacionadas con las instrucciones que damos en el momento justo antes de las transferencias de embriones. Como  sabes, los pacientes entran en una sala con camilla y esperan a ser transferidos mientras nosotros preparamos a los embriones. Durante esta espera, se les dice a las pacientes que se desnuden de cintura para bajo y se les dice a los dos que se pongan una bata, gorro y polainas (para los zapatos). Algunos señores, tal vez por “solidaridad”, deciden desnudarse también ante nuestra sorpresa. Y si además, se han puesto las polainas de gorro, puedes imaginar nuestra reacción.

H.P.: ¿Qué crees que nos depara el futuro de la RA?

O.C.: Pues no lo sé. Creo que, además de un mayor conocimiento en cuanto a los embriones, puede haber una evolución en cuanto a la calidad de las estimulaciones desde el punto de vista de la industria farmacéutica (de los medicamentos). Creo que el futuro debería ir en esa dirección, en mejorar la calidad ovocitaria.

Un sueño casi cumplido

Cuando pienso en Keiko (seudónimo elegido por la paciente), siempre la imagino sonriendo, pues en todas y cada una de las visitas que hemos tenido ha acudido con una sonrisa en los labios a pesar de estar sufriendo. Keiko tuvo que pasar por el fuerte impacto emocional que suponen los abortos pero supo elaborar el duelo y su lucha está a punto de llegar al objetivo, pues se encuentra en la recta final de su embarazo. ¡Ya tengo ganas de conocer a la niña!.

Un-sueno-casi-cumplido

Muchas gracias por compartir tu experiencia. Aquí os dejo su relato:

Hace dos años y medio que iniciamos el complicado camino “en busca de la paternidad”, durante este tiempo hemos pasado por experiencias muy duras que realmente no te puedes imaginar lo que se siente hasta que no lo vives en primera persona.

Tomamos la decisión de querer ser padres en junio de 2012, con toda la ilusión del mundo nos pusimos manos a la obra y para nuestra sorpresa en el primer mes conseguimos el objetivo, no nos lo creíamos, yo pensaba ¡¡¡qué suerte acertar el primer mes!!!, pero la alegría nos duró muy poquito, en la semana de gestación tuve mi primera pérdida. Fue muy duro, porque al menos yo al quedarme embarazada no imaginé nunca que yo pudiera tener un aborto, me pilló por sorpresa, nunca pensé que algo malo le podía pasar al feto… Todo el mundo me intentaba animar diciéndome que a muchas personas les pasa lo mismo, que es normal, que no me preocupara que seguro que me quedaría otra vez embarazada pronto, que somos muy jóvenes… y que estaba de muy poco tiempo. Sinceramente, cada vez que alguien me decía algo así me enfadaba muchísimo, no sentí mucho apoyo a mi alrededor, todo el mundo le intentaba quitar importancia al asunto y a mi personalmente eso me molestaba muchísimo.

En septiembre, mi ginecóloga de aquel momento nos dio luz verde para volver a intentar buscar un nuevo embarazo y en noviembre lo volvimos a conseguir. Esta vez la inocencia del primer embarazo ya la había perdido, estaba asustada por todo, me daba miedo volver a perder otro embarazo. Me intenté resguardar pensando en que no podía tener tan mala suerte como para perder un segundo embarazo, yo ya había experimentado lo que era una pérdida y que no era justo que volviera a sucederme a mí. Me lo repetía como un mantra e incluso llegué a creérmelo, aunque seguía viviendo con mucha ansiedad el embarazo. Hasta que una mañana me levanté y sentí que algo iba mal, se lo dije a mi marido y fuimos de urgencias al ginecólogo sin tener ningún síntoma, mi ginecóloga me miró mal pensando que era una histérica, pero al hacerme la ecografía para tranquilizarnos, vio que al feto ya no le latía el corazón… estaba de 11 semanas, al borde de acabar el primer trimestre y pasar “el periodo de riesgo”.

Esta época fue horrible, perdí la esperanza, no paraban de hacernos pruebas de todo tipo y no veían nada anormal. Después de seis meses de pruebas y sin resultados negativos, la doctora nos dijo que podíamos reanudar la búsqueda.

Aquí empezamos una nueva etapa, la de la obsesión, yo quería ser madre y quería ser madre ¡ya!, entonces empecé a controlar ovulaciones, hacerme test de embarazo… un sin vivir vivía para quedarme embarazada y el embarazo no aparecía por ningún lado. Aquí fue cuando experimenté cómo te sientes cuando no consigues lo que más deseas en el mundo y fue una época que viví con mucha frustración, en parte supongo porque muchas de mis amigas se quedaron embarazadas. Cada vez que alguna me decía que estaba embarazada, la primera reacción era de ira, rabia, envidia y encima me sentía fatal por no poder alegrarme por ellas.

Durante este periodo de búsqueda empecé a tener una sudoración excesiva sólo por las noches y fui al médico de primaria ya que yo pensaba que podía ser del estrés de la búsqueda, pero el doctor me comentó que podía ser algo hormonal o de tiroides y me fui directamente a mi ginecóloga por si podía tener algo que ver con el NO embarazo. Ella me pidió unos análisis hormonales más completos que los que me hizo por los abortos y aquí es donde empezó la tercera etapa de nuestra búsqueda.

El resultado de esos análisis fue “hormona antimuleriana baja”, que en resumen es un fallo ovárico prematuro y me diagnosticaron directamente a infertilidad. Cuando entendí que significaba tener un fallo ovárico prematuro me hundí en la miseria, entré en estado de shock y empecé a pensar que nunca podría ser madre. No aceptaba que con 32 años, mi aparato reproductor estuviera envejecido.

Visité varias clínicas de reproducción asistida, desconfiaba de todas me daba la sensación de que todos me querían vender la moto, hasta que llegué al Dr. Brassesco que fue junto con el Dr. Puig (mi ginecólogo actual) los que me dieron un poco de luz a mi caso, por varios motivos en primer lugar porque descubrieron que mis abortos eran debidos a un tema inmunológico y me dieron la solución a mi problema, en segundo lugar porque me dieron esperanza a un nuevo embarazo y en tercer lugar porque empecé tratamiento psicológico con Helga que me ha enseñado a no vivir de una manera traumática todo este proceso.

En verano de 2014, empezamos nuestro primer tratamiento In Vitro. Para mi el tratamiento en sí no fue duro, no me resulto difícil tener que pincharme. En todo momento el Dr. Brassesco fue muy sincero con mi caso, me avisó de antemano que probablemente no tendría demasiados óvulos, que intentaríamos que me quedara embarazada con mis propios óvulos, pero también me informo que había otras opciones como la ovodonación que sería mi plan B. Después de toda la estimulación pudimos conseguir 2 embriones para implantar. La betaespera la llevé bastante bien, con Helga decidimos que no tenía que preocuparme sino ocuparme, y así lo hice fueron dos semanas intensas de cafés con amigas, tiendas,… e hizo la espera algo más amena. Cuando me dieron el resultado negativo de la beta, fue un drama, me resultó duro asumir que tampoco había funcionado, sólo pensaba “no me quedo embarazada ni pagando”, pero había que seguir adelante, llegaba agosto y decidimos desconectar hasta septiembre que volveríamos a hacer un nuevo intento.

Y no sé cómo ni porque durante el verano me quedé embarazada, y para mi sorpresa de forma natural, cuando nos hicimos el predictor ni nos lo creíamos. Los primeros tres meses han sido un poco duros por miedos a pérdidas pero ahora puedo decir que estoy viviendo bien el embarazo.

Ahora que veo con perspectiva todo lo que hemos vivido, sólo puedo decir que lo hemos pasado muy mal, yo he vivido muy intensamente cada etapa de este camino, pero ahora me doy cuenta que no se ha de perder la esperanza y yo doy las gracias a todo el equipo del  CIRH y al Dr. Puig porque gracias a ellos hemos seguido intentándolo hasta conseguir lo que buscábamos.”

Keiko

Entrevista a Cristina Mendoza: Auxiliar de Enfermería. Departamento de Administración.

Cristina es de esas personas que transmiten confianza desde el primer momento, siempre tan viva, tan franca, tan humana. Forma parte del Departamento de Administración del CIRH desde 2005 y la encontraréis en el turno de tarde.

Cristina Mendoza
Cristina Mendoza

Aquí os dejo la entrevista!:

H.P.: Explícanos como fueron tus inicios en el CIRH

C.M.: Empecé a trabajar con 18 años en la consulta en un mundo desconocido: ¿Banco de Semen?, ¿Infertilidad?, ¿Inseminación?… Al principio, intentaba colarme en las visitas de los médicos para entender algo y les hacía mil preguntas.

En seguida entré de lleno en contacto con personas que necesitan ayuda, confianza y seguridad de que todo va a ir bien y van a conseguir su objetivo.

El equipo es muy grande, (médicos, biólogos, técnicos, enfermería, psicología, secretarias etc.) y todos somos necesarios para cumplir deseos. Es un trabajo que te enriquece mucho como persona y te implicas sin darte cuenta en la vida de los demás.

Todavía alucino con los milagros de la ciencia. ¡El equipo CIRH hace magia!

H.P.: ¿Qué es lo más importante que has aprendido durante estos años?

C.M.: El centro CIRH se ha convertido con el tiempo en mi segunda familia. Junto a mis compañeras/os y el equipo médico, aprendí los conceptos básicos de la reproducción asistida. Pero lo más importante lo aprendí con las mujeres que acuden al centro con el deseo de ser madre. Aprendí a ser discreta, prudente, clara y a ser, de vez en cuando, una esponja capaz de absorber llantos y hacer aparecer una ilusión o esperanza.

H.P. Sin duda, refieres cualidades importantes para este tipo de trabajo. Desde el mostrador de recepción, ¿qué observaciones tienes de los pacientes que acuden al CIRH?, ¿qué dudas e inquietudes suelen transmitirte?

C.M.: Tras 9 años he observado que la mayoría de personas que cruzan la puerta y se dirigen a recepción para pedir información, tienen la ilusión y la incertidumbre de iniciar un tratamiento de reproducción asistida.

Supongo que las primeras preocupaciones de la mujer o de las parejas que observo son el tiempo que va a durar el proceso hasta conseguir el embarazo, el tema económico, y la confidencialidad, es decir, que el entorno (tanto laboral como familiar) no se entere que están acudiendo a un centro médico “para esto”.

Después de haberse visitado con el médico del equipo CIRH, las preocupaciones que nos transmiten los pacientes son diferentes. Ya están metidos en “la gran aventura” y por lo tanto, empiezan a estar pendientes de realizarse las pruebas solicitadas, interpretar los consentimientos informados, hacerse expertas en administrarse la medicación y seguir al dedillo las pautas indicadas por su médico hasta acabar el tratamiento.

Durante el proceso, muchas personas llaman a la consulta para resolver dudas tanto a nivel de tratamiento como a nivel personal. Es aquí, cuando a pesar de no ser ginecóloga, disfruto de mi trabajo al poder ayudar a las personas, resolviendo las dudas que no son puramente médicas  y transmitiendo confianza a la paciente de que ha hecho bien en ponerse en contacto con nosotros.

Una vez acabado el tratamiento, solo queda esperar ese fax o llamada con la gran noticia o con la peor desilusión. A pesar de no conocer a todas las personas que están al otro lado del teléfono, siento una alegría cada vez que escucho al Dr. Fabián decir “ahorra para comprar pañales porque estas embarazada”, igual que cuando no son buenas noticias, respiramos hondo para volver a acoger a esa mujer para seguir adelante.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

C.M.: Es muy gratificante que te llamen pacientes solo para comentarte como se sienten, porque significa que no solo estoy detrás del mostrador explicando un presupuesto, si no que me hacen partícipes de sus emociones y valoran mi opinión. Obviamente, hay personas más reservadas que les cuesta expresar sus sentimientos o inquietudes al equipo, y por lo tanto nuestro ejercicio es crear un vínculo desde la prudencia para transmitir confianza y seguridad.

H.P.: ¿Cómo crees que afecta la Infertilidad a nuestros pacientes a nivel emocional?

C.M.: Debe de ser muy duro desear algo con tanta fuerza y ver que aunque haces todo lo posible para conseguirlo, no obtienes el resultado que quieres: ser madre y padre. Entiendo que las personas que vienen a primera visita, vienen con una historia que contar, y han dado un paso muy importante para llegar aquí.

Supongo que la frustración e impotencia son sentimientos que todos deben vivir cuando las cosas no salen bien. Pero apoyarse en la pareja o familia es muy importante, y sobre todo nos tienen a nosotros para hablar, comprender y superar todos los obstáculos.

H.P.: ¿Cómo te afecta a ti a nivel personal trabajar en el CIRH?

C.M.: A nivel personal, creo que soy más tolerante gracias a trabajar en CIRH. Será porque trabajo con mucha gente alrededor; será porque escucho muchas vivencias tanto buenas como malas, será porque me hago mayor y creo que la familia es muy importante, será porque me encantan los bebés…

H.P.: ¿Cuáles son las experiencias vividas en la clínica que nunca olvidaras?

C.M.: Una mujer me hizo llorar cuando me explicó cómo había perdido a su hija en el octavo mes de embarazo. Por suerte es una mujer valiente y segura. Al cabo de unos meses, empezó un nuevo tratamiento e hice todo el seguimiento de sus visitas hasta el día de la transferencia. Decidió transferirse 3 embriones, a pesar de la insistencia del ginecólogo de que no era aconsejable, ya que había un alto riesgo de embarazo múltiple. Comprendiendo que la pareja había sufrido mucho y que ellos lo querían intentar por última vez, se transfirieron 3 embriones. Me acuerdo emocionarme el día que vi el resultado positivo, pero más nos emocionamos todos juntos cuando en la ecografía vimos 3 latidos cardiacos! Siempre los recordaré como ejemplo de superación.

Recuerdo también a una mujer que no aceptaba que necesitase una donación de semen, ya que el diagnostico era factor masculino. El marido no tuvo dudas de que tenían que seguir hacia adelante con la donación, pero ella se sentía culpable cada vez que dudaba de si iba a querer a ese bebe… Mientras se comía el bocadillo en la sala de espera al medio día, me sentaba con ella para preguntarle cómo estaba. La verdad, es que lo pasó mal pero gracias a la seguridad de su pareja inició el tratamiento. Yo no soy madre, pero tengo claro que lo importante no es tener hijos biológicos, es querer ser madre, y para ello no importa la genética, solo importa las ganas de querer, dar cariño y cuidar a una personita que será mi hijo, mi familia. Conocí a su hija, Xenia, a través de unas fotos y en persona con poco más de un añito cuando vinieron a por el segundo embarazo.

Entrevista a la Dra. Rosa Borràs: Ginecóloga.

La Dra. Borràs con un obsequio "personalizado" de una paciente.
La Dra. Rosa Borràs con un obsequio “personalizado” de una paciente.

Describir a Rosa Borràs es definir a una profesional inquieta, enérgica y con un temperamento marcado por la curiosidad impenitente y la ilusión. Pero, ante todo, es una persona extremadamente comprometida con sus pacientes y gran compañera de trabajo, como resultado de su amplia calidad humana.

Hoy la entrevista refleja la mirada de Rosa:

H.P.: Te especializaste en Ginecología y Obstetricia y durante 15 años estuviste ejerciendo como ginecóloga general y asistiendo partos en la Mutua de Terrassa. Explícanos como te introdujiste en la Reproducción Asistida…

R.B.: Cierto. Me formé como ginecóloga y obstetra en el Hospital Mutua de Terrassa y allí estuve durante 15 años ejerciendo. Pasé muchas horas en el hospital, muchas guardias, atendiendo partos, que creo que son de las mejores experiencias que se pueden vivir. También me dediqué mucho a la cirugía ginecológica y a la laparoscopia. La verdad es que me apasiona mi trabajo.

La reproducción asistida es una parte muy especializada de la ginecología que en el hospital se trataba en poca profundidad y ya entonces fui a otros hospitales para aprender cómo se tratan estas parejas. Siempre me había interesado mucho. Recuerdo los inicios, incluso cuando nació el primer bebé por fecundación asistida. Yo ya deseaba estudiar medicina y entender más de todo este mundo que me parecía alucinante.

Pude conocer bastantes avances en reproducción asistida, un campo que cambia con cierta rapidez. Unos años más tarde surgió la posibilidad de trabajar con el Dr. Brassesco, que es de quien más aprendí y sigo aprendiendo en este mundo apasionante de la reproducción.

H.P.: Entre un 16% y un 20% de parejas en España tienen problemas de fertilidad. Y va en aumento. Una de las causas es que hemos retrasado mucho la edad a la que empezamos a buscar embarazo. Muchas veces los pacientes no son conscientes de la importancia del factor edad y cuando acuden a 1ª visita se “sorprenden” de no estar en la mejor edad fisiológica. En este sentido, ¿qué reacciones observas en los pacientes?

R.B.: Creo que este es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad. Las mujeres y la población, en general, no son conscientes de que la fertilidad femenina no es infinita. Es cierto que en muy pocos años se han producido muchos cambios en nuestra sociedad, las mujeres nos hemos introducido en el mercado laboral y hemos priorizado nuestra carrera profesional. Se retrasa la edad en que se decide formar una familia. La situación económica también hace que sea más difícil que los jóvenes se independicen de sus familias, de manera que hay muchas variables que dificultan el momento para plantearse la maternidad. Pero la biología no ha cambiado y las mujeres tenemos la edad de máxima fertilidad entre los 20 y los 35 años. A partir de aquí nos encontramos con dificultades. Hay que pensar que actualmente la edad media en que las mujeres tienen su primer hijo en nuestro medio supera los 31 años y esto de cara a la fertilidad no es bueno. El ovario es una glándula que sólo funciona durante unos años y se acaba. Muchas mujeres se dan cuenta de que, cuando quieren tener un hijo, cuando es el momento adecuado por cuestiones laborales, de pareja o  de estabilidad personal, ya no es un buen momento para su reserva ovárica. Su ovario ya tiene pocos folículos disponibles y la calidad de éstos es mala.

La reacción inicial suele ser de incredulidad. Los estudios hormonales muchas veces nos confirman esta sospecha pero hasta que no se intenta una estimulación del ovario y vemos su respuesta,  la calidad de los óvulos y de los embriones no podemos asegurar nada.

H.P.: ¿Crees que el estigma de culpar a la mujer por la falta de un embarazo ha pasado a la historia?

R.B.: Por suerte en la mayoría de culturas sí. Pero yo sigo detectando que muchas parejas dejan en manos de la mujer el tema de tener un hijo cuando parece que hay algún problema.

Nunca hay que olvidar que la esterilidad es un problema de pareja. En el estudio posterior de los dos podemos detectar la causa, o no. Hay muchas parejas que se etiquetan de esterilidad de origen desconocido, no sabemos cuál es la causa, pero depende de las dos partes.

Pero todavía hay un alto porcentaje de mujeres que vienen solas a la primera visita, a pedir información, aunque tengan una sospecha de un posible factor masculino. ¡Nunca viene un señor solo a informarse! Esto demuestra que en muchos casos la mujer es la responsable, la que asume el problema y la que busca una posible explicación y solución.

H.P.: Es habitual que nuestros pacientes muestren miedo e incertidumbre ante el diagnóstico y el tratamiento de RA: “¿Ahora qué pasará?”, “¿Qué haremos?”, “¿Podremos ser padres algún día?”. ¿Cómo intentas “tranquilizarles” cuando te transmiten estas inquietudes?

R.B.: Esto lo vemos en todas nuestras parejas. Cuando una pareja o una mujer vienen a nuestra consulta siempre llevan un tiempo de incertidumbre más o menos largo.

Para decir que una pareja es estéril clásicamente se dice que tienen que llevar un año de relaciones sexuales sin protección para plantearse estudios y tratamientos. Esto quiere decir que se empieza dejando los métodos anticonceptivos, con el tiempo se empieza a controlar los días fértiles y muchas parejas acaban teniendo relaciones sexuales en los días que “toca” para conseguir el embarazo. Hasta el momento en que se dan cuenta y asumen que pueden tener algún problema y deciden buscar información y ayuda.

Siempre es difícil de asumir, suelen tener mucha angustia y prisa, cuando han aceptado que hay un problema  parece que hay prisa por resolverlo.

Depende mucho del carácter de cada persona, de la confianza de la pareja, de hasta qué punto ha afectado su relación y de los sentimientos de culpabilidad.

Casi todas las mujeres me preguntan si el estrés puede ser la causa de que no se queden embarazadas, siempre les comento que el estrés es un factor importante, que no sabemos hasta qué punto afecta ni cómo evitarlo, pero si fuese un factor determinante ninguna de nuestras pacientes se quedaría embarazada. Todas las parejas que van a un centro de reproducción es porque el tema les preocupa y como te comentaba antes desde hace bastante tiempo. Pero es indiscutible que muchas parejas estériles, cuando se relajan y dejan de preocuparse por el tema consiguen embarazos de formas espontánea. Incluso después de venir a visitarse, de informarse y empezar a poner medios para conseguirlo, sin hacer ningún tratamiento, nos llaman para decir que se han quedado embarazados. Cosa que a mí me hace muy feliz. La mente humana es muy complicada y desconocida, que te voy a contar…

Nunca podemos asegurar a nadie si lo vamos a conseguir o no sobre todo de entrada. No podemos ver el futuro y esto hay que dejarlo siempre muy claro. Pero hay factores como la edad de la mujer o las causas de la esterilidad que debemos informar desde el primer momento para hablar de porcentajes de éxito, ofrecer el mejor tratamiento a cada pareja y sobretodo intentar dar mucha confianza. Creo que es muy importante dar información, explicar bien como son los tratamientos, que se van a encontrar en el camino, y sobretodo individualizar los tratamientos, cada caso y cada pareja son distintos. Ofrecer nuestra disponibilidad y facilitar el contacto entre los pacientes y el médico también es importante y lo agradecen mucho.

H.P.: Cada vez acuden a consulta más mujeres sin pareja. Éstas previamente suelen haber pasado por un largo período de reflexión analizando los pros y los contras de una posible maternidad en solitario. ¿Cómo suelen mostrarse estas pacientes? ¿Cuáles son sus principales preocupaciones?

R.B.: Suelen ser mujeres con mucha ilusión por este proyecto,  que llevan un largo periodo de reflexión.

Es cierto que es un proceso difícil, que representa asumir una gran responsabilidad, pero estas mujeres anteponen su deseo de ser madres a cualquier otro proyecto en su vida. Han decidido que quieren tener un hijo aunque no hayan encontrado (o no quieran encontrar) a la pareja ideal para ser el padre de su hijo/a, han decidido hacer un importante esfuerzo económico, muchas veces implica dejar de lado su evolución o mejora laboral durante un tiempo, etc.

Muchas veces no es fácil conseguirlo porque la mayoría de estas mujeres esperan a encontrar el momento adecuado (personal, familiar, económico, laboral) y cuando se deciden ya no están en edad de máxima fertilidad.

Su principal preocupación suele ser el donante, que pueden saber de él, es una persona sana, como será el bebé, como le explicará todo el proceso

Como sabes, yo misma decidí hace unos años tener a mi hijo en solitario y puedo decirte que es lo mejor que me ha pasado en la vida. El proceso no fue fácil por todo lo que te he comentado, pero estoy segura que creó un vínculo muy fuerte entre los dos que se mantiene. Actualmente tengo un niño de 9 años y es una experiencia maravillosa.

A veces pienso que, al haber pasado por todo este proceso, me pongo mucho más en la piel de las pacientes y entiendo muy bien lo que sienten. Vivo muy de cerca sus penas y sus alegrías.

H.P.: Por la relación de confianza médico-paciente, los ginecólogos os encontráis en una posición privilegiada a la hora de brindar apoyo emocional a nuestros pacientes. Pero a veces esta mínima intervención emocional no es suficiente y éstos pueden beneficiarse de recibir Psicoterapia. Aunque acudir al psicólogo está dejando de ser tabú en nuestra sociedad, los pacientes de infertilidad no siempre son conscientes de necesitar este tipo de ayuda. ¿Cómo sueles sugerirles que pidan una cita con la psicóloga? ¿Qué tipo de reacciones observas en ellos?

R.B.: Creo que la ayuda psicológica en todos estos procesos es imprescindible. En nuestro centro, por suerte, tenemos a una gran profesional disponible, con mucha empatía hacia los pacientes. Nosotros lo enfocamos como parte del tratamiento y lo ofrecemos a todas las pacientes e incluso lo aconsejamos. A veces hay que animar a las parejas a dejarse aconsejar y ayudar.

Estos tratamientos son complicados y requieren bastante tiempo por parte del médico para explicar el proceso, como administrar la medicación, informar del resultado de la ecografía,  dudas y síntomas físicos. A veces caemos en el error de minimizar la parte emocional que es importantísima, pero es que como ginecólogos tenemos poca experiencia en tratar la parte emotiva y no disponemos de tanto tiempo en la consulta.

Se necesita una persona externa y experta que nos ayude a las dos partes.

Por mi parte quiero darte las gracias por todo lo que nos ayudas.

H.P.: Explícanos alguna experiencia vivida en la clínica que nunca olvidaras…

R.B.: Recuerdo con mucho cariño dos casos de pacientes que habíamos sido compañeros de colegio en la infancia. Nos reencontramos en la consulta, ellos me reconocieron enseguida después de tantos años y en los dos casos llegamos al objetivo de conseguir un embarazo.

También son curiosos los casos de parejas conocidas que consiguen el objetivo deseado. Son niños que vas viendo y siguiendo como crecen.  A mí me encanta saber que pasa después!

H.P.: ¿Cómo ves el futuro de la Reproducción Asistida en nuestro país?

R.B.: A mí me encantaría llegar a ver avances en la utilización de células madre ováricas para la regeneración del ovario. Queda un largo camino por delante, pero parece apasionante poder ofrecer la posibilidad de embarazo en mujeres que sufren un fallo ovárico precoz o en mujeres mayores de 40 años en las que las posibilidades de obtener ovocitos propios son muy bajas. Creo que este es uno de los mayores retos de la medicina reproductiva actualmente.