Entrevista a Enric Carballo: Técnico de Laboratorio de Andrología.

Enric Carballo
Enric Carballo

Trabajador incansable, honesto y confiable por parte de sus compañeros y pacientes. Así es Enric y así nos da a conocer su quehacer diario:

H.P.: ¿Cómo y por qué decidiste dedicarte a la Reproducción Asistida?

E.C.: La verdad es que fue un momento en el que acababa de terminar el ciclo formativo de Técnico de Laboratorio en Diagnóstico Clínico y la única experiencia que tenía era a nivel ambulatorio (pasar tubos de sangre, cultivos de orina, etc.). Me surgió esta oferta de trabajo, que nunca antes había contemplado, de un campo de la medicina totalmente desconocido para mí. Entonces empecé a trabajar aquí y me di cuenta de que era un mundo muy distinto a todo lo que había visto anteriormente y me pareció tan interesante y enriquecedor que sigo en el CIRH desde hace seis años y espero continuar trabajando en esta especialidad durante mucho tiempo más.

H.P.: ¿En qué consiste el trabajo diario de un técnico del laboratorio de Andrología? ¿Cuáles son vuestras funciones? ¿Qué diferencias hay entre un biólogo y un técnico?

E.C.: Principalmente, lo que hacemos nada más llegar al laboratorio por la mañana, es poner en marcha todo el laboratorio y preparar los medios de cultivo con los que trabajaremos durante el día. Revisamos la agenda y luego van llegando las muestras de semen programadas. A primera hora, suelen llegar muestras para inseminaciones y tenemos que capacitarlas (prepararlas, seleccionando los espermatozoides más adecuados y eliminando las células estáticas que pueden interferir negativamente en la fecundación). Hacemos lo mismo con las muestras para punciones de FIV. Luego pueden llegar congelaciones de muestras para ciclos de FIV. Algunas muestras son especialmente delicadas, como las previas a tratamiento de quimioterapia o las de pacientes con lesión medular. En éste último caso, tenemos que estar atentos a la recepción de muestras que proceden de centros especializados como Guttmann, en donde se recupera la muestra mediante electroeyaculación o vibroestimulacion. Todo esto está programado en la agenda. Así podemos tener una previsión del día. También realizamos pruebas diagnósticas: Seminogramas, seminogramas avanzados, seminogramas post-vasectomía, etc. Otra de nuestras funciones es entrar a quirófano para ayudar al andrólogo a realizar las biopsias testiculares de pacientes que van a realizar un tratamiento y no disponen de suficientes espermatozoides en una muestra de esperma y al salir de quirófano analizamos el tejido extraído y recuperamos los espermatozoides. También nos encargamos del mantenimiento del Banco de Semen de pacientes y donantes, preservando las muestras en bombonas de nitrógeno líquido, las cuales tenemos que ir revisando y rellenando regularmente. Mientras van llegando muestras, hay momentos en los que pasamos informes a bases de datos, hacemos control de material (dispensación de medios, etc.), preparamos la agenda del día siguiente, realizamos las llamadas necesarias a los pacientes y contestamos sus correos electrónicos. También registramos datos de pacientes para recoger fenotipos (características físicas) y les hacemos una foto cuando tienen que realizar tratamientos con donante de semen. Buscamos donantes de esperma y los entrevistamos. Otra función que tenemos es la de revisar las analíticas de sangre. Y en los últimos años, que hemos puesto en marcha las vacunas linfocitarias, nuestro papel también es el de tratar la preparación de dichas vacunas. Todo esto es nuestro día a día.

En cuanto a las diferencias entre el biólogo y el técnico, el biólogo es el encargado de elegir los protocolos a seguir, las técnicas que aplicamos y suele llevar los temas de investigación y los burocráticos. Aunque los técnicos siempre tenemos voz a la hora de elegir la técnica más adecuada, la decisión final corresponde a los biólogos. Y los técnicos podríamos decir que somos más los encargados de llevar a cabo las técnicas. De todas formas, en puntas de trabajo, los dos podemos realizar prácticamente las mismas tareas.

H.P.: En ocasiones obtener una muestra de semen en el entorno de una clínica de Reproducción Asistida puede resultar complicado para algunos pacientes. ¿Cómo intentáis aligerar la presión que pueden sentir? ¿Cómo se intenta facilitar ese momento tan íntimo que requiere cierta tranquilidad?

E.C.: Yo tengo una pequeña ventaja en este tema y es que soy hombre. Me he dado cuenta de que para los pacientes suele ser más incómodo tratar con una mujer. Siento que les genero más confianza que mis compañeras. Pero entre todos intentamos quitarles presión, tratarlos con naturalidad, hacerles ver que muchos hombres se encuentran en la misma situación. Es fundamental que nos mostremos comprensivos. Por otro lado, además de tener esta actitud, les damos todo tipo de facilidades para poder recoger la muestra. Disponemos de una sala privada con material erótico e intentamos no presionarles dándoles el tiempo que necesiten. La sala está muy bien acondicionada, nadie les interrumpe, no hay ruido y cuando ya disponen de la muestra son ellos mismos los que nos avisan accionando un botón y entonces vamos a recogerla con la máxima discreción. En algunos casos, si el paciente no vive lejos y tiene dificultades para relajarse, le ofrecemos la opción de recoger la muestra en casa, siempre y cuando no transcurran más de 45 minutos desde la recogida hasta que nos la hace llegar al laboratorio. Si el paciente se encuentra muy bloqueado y se trata de un seminograma o congelación de muestra previa al tratamiento, incluso se le puede proponer hacerlo otro día que se encuentre menos nervioso. Pero a veces hay casos más urgentes que suponen más presión para el paciente, como por ejemplo inseminaciones o capacitaciones para FIV, en los que hay que recoger muestra necesariamente ese día y entonces, si vemos que le puede ayudar, incluso alteramos toda nuestra agenda del laboratorio para poder recoger la muestra en otro momento del día o tenemos el recurso de darles Citrato de Sildenafilo (Viagra).

H.P.: A veces los pacientes, ya sea bromeando o con cierta angustia, nos preguntan sobre la identificación de muestras seminales. A nivel social, existe mucho mito al respecto, incluso el cine ha llegado a tratar el tema de la equivocación de muestras, pero los profesionales sabemos que disponemos de sistemas de seguridad completamente fiables. ¿Puedes explicarnos como garantizáis que no haya errores en este sentido?

E.C.: Ante todo, debo decir que todos estamos muy concienciados de lo importante que es que estemos concentrados cada vez que recogemos y procesamos una muestra de esperma. Aunque continuamente estamos en contacto con muestras de semen, nunca olvidamos que detrás de cada una de esas muestras está el proyecto de vida de cada uno de nuestros pacientes. Como técnico, soy muy consciente de que tengo en mis manos la ilusión de los pacientes y trato cada una de las muestras como un tesoro. Durante muchos años, estuvimos evitando el cruce de muestras mediante lo que nosotros llamamos “sistema de doble comprobación”, que consistía en que cada vez que uno de nosotros ejecutaba una técnica en una muestra debía avisar a otro compañero para que comprobase la identidad de dicha muestra antes de llevar a cabo el siguiente paso. Es decir, existía una doble comprobación de las etiquetas identificativas en cada paso de cada técnica aplicada (al pasar del recipiente de recogida del paciente a los tubos de ensayo, de los tubos a pajuelas, etc). Pero como los fallos humanos pueden existir, actualmente tanto los pacientes como nosotros podemos estar mucho más seguros (de hecho, completamente seguros) de que no haya errores porque en la actualidad en nuestra clínica, además de seguir realizando la doble comprobación de la que te hablaba, disponemos de un sistema sistema electrónico de doble seguridad IVF Witness que elimina cualquier posibilidad de confusión en la identificación de las muestras biológicas en cada una de las etapas del proceso.  En el laboratorio, receptores wireless comprueban automáticamente la identidad de las muestras (todas ellas etiquetadas con un microchip único asignado a cada paciente) y, en el improbable caso de que detectasen la menor anomalía en el protocolo de reconocimiento de las muestras, se detendría el proceso en marcha. Y como te decía, a esta barrera de seguridad electrónica, se añade el control humano de los biólogos y técnicos de laboratorio, que seguimos supervisando y revisando todo el proceso.

H.P.: ¿Cómo crees que afecta la Infertilidad a nuestros pacientes a nivel emocional? ¿Qué observaciones tienes de ellos?

E.C.: Yo, como técnico de laboratorio, realmente no acostumbro a tener tanto contacto directo con los pacientes como en otros departamentos, aunque en muchas ocasiones debo atender llamadas o consultas en el propio centro que me permiten observar un poco como viven los pacientes su paso por el mundo de la Reproducción Asistida. La sensación que tengo es que durante los tratamientos se acentúan mucho todos los sentimientos. Igual que en la vida, hay personas de todo tipo. Las hay que viven todo el proceso con mucha tranquilidad, asumiendo todas las posibilidades que se les da y siendo conscientes de que los tratamientos no siempre tienen el resultado esperado. Y también existe el lado opuesto, pacientes que afrontan la infertilidad con una gran presión y ansiedad, comprensible en la mayoría de casos, pero que pueden acabar desembocando en inseguridad y desconfianza hacia los profesionales, sus propias parejas o incluso hacia ellos mismos. Por ello opino que tu figura en este entorno en particular juega un papel vital para el desarrollo personal y emocional de los pacientes.

H.P.: Los pacientes siempre nos preguntan sobre los Donantes de Semen. Aunque es imposible dar un perfil de ellos, ¿Cómo suelen presentarse en el laboratorio?, ¿cuál es su principal motivación para donar?, ¿qué inquietudes te transmiten?

E.C.: La mayoría de donantes suelen llamar por teléfono porque han visto un anuncio en internet o en las universidades, aunque muchos también nos llaman de parte de amigos o conocidos que ya son donantes del centro. En esa primera toma de contacto, ya explicamos algunas condiciones que deben cumplir como donantes. Si todo es correcto y cumplen las condiciones, les citamos para una entrevista en el centro con el responsable del laboratorio. En la entrevista, se les explica en que consiste un ciclo de donación, se les pasa un test sobre antecedentes personales y familiares, se les realizan las correspondientes pruebas médicas (seminograma, exploración genital, análisis de sangre incluyendo Cariotipo, etc.) y la entrevista y test psicológico. Una vez superado el proceso de selección, si se consideran aptos para la donación, vienen regularmente al centro a dejar un número determinado de muestras. En contra de lo que mucha gente cree, los donantes son chicos jóvenes normales y corrientes que probablemente nos cruzamos por la calle, que vienen con vocación de ayuda, aunque se les compense económicamente. En cuanto a sus inquietudes, se preocupan mucho por su fertilidad. Tenemos casos de donantes que hemos rechazado por mala calidad seminal y cuando se lo decimos, se angustian muchísimo. Entonces, intentamos calmarles explicándoles que los valores que pedimos para ser donante están muy por encima de los valores que se consideran normales para el resto de la población y que no significa que sean infértiles. Otra preocupación es el tema del anonimato, que todos desean preservar. Y cuando las muestras son destinadas a la investigación, también suelen mostrar mucho interés por dichas investigaciones. Sienten gran curiosidad, les gusta participar y se sienten útiles de poder ayudar.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

E.C.: Lo que más me gusta es ver reflejado el resultado de nuestro trabajo en embarazos y familias con bebes. Hay trabajos que, aunque sean muy productivos, no te permiten ver el resultado reflejado de la forma en que lo ves aquí. Cuando ves que ayudas a cumplir el sueño de tantas personas, el esfuerzo diario merece la pena. Por otra parte, a nivel técnico de trabajo de laboratorio, considero que éste es un campo muy interesante en el que día a día se descubren nuevas técnicas y tratamientos y eso es emocionante.

H.P.: Explícanos la anécdota más curiosa que te haya sucedido trabajando…

E.C.: Anécdotas hay muchísimas. Una muy divertida sucedió un día mientras un paciente se encontraba en la sala de recogida de muestras. Era primera hora de la mañana y había mucho silencio, el señor puso la película erótica a todo volumen, tan alto que se escuchaban los gemidos de los actores hasta en la sala de espera. Fue muy divertido. Tanto los pacientes como los profesionales nos reímos mucho.

H.P.: ¿Cómo te imaginas el futuro de la Reproducción Asistida?

E.C.: Hoy en día, el tipo de estructura familiar es totalmente distinto al de hace veinte años y es de suponer que en un futuro próximo será aún más pronunciado este cambio social. Por esta razón, en los últimos años, han aumentado muchísimo los casos de parejas homosexuales y mujeres solteras que han recurrido a nuestras clínicas y pienso que este tipo de tratamientos seguirán aumentando. Asimismo, puestos a imaginar, me imagino un futuro con la Reproducción Asistida derribando barreras sociales, políticas y en algunos casos éticas. Con todas las investigaciones que se están llevando a cabo, pienso que el papel reparador que tienen hoy día las clínicas de reproducción se verá solapado por un interés social por los tratamientos con posibles elecciones genéticas determinadas, como por ejemplo la elección del sexo (que ya se realiza en algunos países) color de ojos, etc. De este modo, ya no sólo recurrirán a la reproducción asistida aquellas personas que tengan problemas de infertilidad.

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Entrevista a Anna Raspall: Enfermera.

Anna es el reflejo de una mujer apacible, empática y comprensiva con el ser humano, cualidades imprescindibles para acompañar a nuestros pacientes durante los complejos tratamientos de Reproducción Asistida. Forma parte del Departamento de Enfermería del CIRH y la encontraréis en el turno de mañana.

Anna Raspall
Anna Raspall

Hoy Anna toma la palabra:

H.P.: Explícanos cómo surgió tu interés por la Reproducción Asistida y cómo te introdujiste en este ámbito…

A.R.: Yo trabajaba como instrumentista en cirugía laparoscópica y un día un anestesista me ofreció la posibilidad de trabajar en Reproducción Asistida. Para mí era un mundo totalmente desconocido, pero decidí “probar”. Primero estuve en quirófano, donde siempre había estado, y en las transferencias embrionarias. Después estuve en consulta con las donantes de óvulos. Y en la actualidad sigo en consulta, pero con los pacientes. Cuando entré en el mundo de la reproducción, como te digo casi por casualidad, enseguida me gustó y decidí dejar mi trabajo anterior. Cambié completamente de especialidad y no me arrepiento de ello, pues la Reproducción Asistida es un campo que avanza y cambia continuamente y no te aburres nunca.

 H.P.: El personal de enfermería está presente antes, durante y después de los tratamientos, tanto para ayudar a nivel técnico como emocional. ¿Puedes explicarnos en qué consiste exactamente vuestro papel para los pacientes y para el equipo de especialistas?

A.R.: Nosotras nos encargamos de preparar todo el material necesario para las visitas y las inseminaciones en la consulta. Nunca puede faltar papel, grapas, fundas, tallas, papel camilla, catéteres, espéculos, etc. También revisamos las historias clínicas de los pacientes, las analíticas, avisamos al médico si falta algún consentimiento por firmar, damos horas de visita. Conjuntamente con el médico, nos encargamos de la asistencia dentro del consultorio, resolviendo dudas, explicando a las pacientes como administrarse la medicación, ayudando al médico a realizar ecografías e inseminaciones, etc. Hacemos analíticas, administramos intralípidos y pinchamos la vacuna linfocitaria. A nivel emocional, intentamos acompañar a nuestros pacientes en todo el proceso de diagnóstico y tratamiento, sin entrar en demasiados tecnicismos que son competencia del médico. Yo intento ser más como una amiga para las pacientes, una figura más cercana que las escucha. Intento transmitirles tranquilidad, haciéndoles ver que están haciendo todo lo posible para conseguir su objetivo, me ofrezco a que me llamen para consultar dudas, etc. Cuando logramos embarazos, aunque no siempre es posible que esté dentro de la consulta acompañándoles en la primera ecografía, siempre lo vivo de forma muy cercana. Me alegra, me ilusiona, les felicito. Pero a la vez, debo transmitirles una cierta prudencia que no siempre tienen y recordarles que no hemos “finalizado”, que ahora empieza una nueva aventura de nuevas pruebas, ecos, ciertos riesgos, puede ser que no se encuentran bien, que tengan náuseas, etc. Intento que sean positivos pero realistas.

H.P.: ¿Cómo crees que afecta la Infertilidad a nuestros pacientes a nivel emocional? ¿qué observaciones tienes de ellos?, ¿qué inquietudes y miedos suelen transmitirte?

A.R.: Creo que les afecta muchísimo, ya que vienen todos muy “tocados” a nivel emocional. Veo que muchos tienen un gran sentimiento de culpa, lamentándose de no haber empezado a buscar embarazo antes. Pero también observo que suelen estar bastante unidos como pareja e intentan cuidarse mucho mutuamente.  Las principales inquietudes que me transmiten las pacientes son referentes a la administración de la medicación. Tienen miedo a equivocarse con la dosis, a no saber pincharse bien, incluso a veces me preguntan si serán capaces de hacerlo correctamente ellas solas. Muchos también se sorprenden de lo pronto que desciende nuestra capacidad reproductiva y me preguntan: “¿Cómo puede ser que me cueste tanto quedarme embarazada con lo joven que soy?”. Otra fuente de angustia suele ser el tema de las pruebas médicas. A veces me preguntan si yo haría alguna prueba concreta o si cambiaría el tratamiento que están haciendo. Siempre intento aconsejarles lo mejor posible, pero con prudencia, transmitiéndoles confianza en su médico. Les hago ver que es el médico el que debe valorar cada caso y el que mejor les puede aconsejar.

H.P.: Sin duda, en esta especialidad el trato humano es de vital importancia. Tu ayuda como enfermera en el cuidado anímico de los pacientes es imprescindible dentro del equipo. ¿Qué habilidades crees que debe tener una enfermera especialista en RA para curar esas heridas que no sangran?

A.R.: Lo primero es saber escuchar. Escuchar y saber animarles, para que no tiren la toalla. Saber hacer estas dos cosas es lo más importante, siendo conscientes de que somos un pequeño refuerzo detrás de otros miembros del equipo profesional. También debemos conocer nuestros límites. Si, por ejemplo, ves a una paciente que tiene un sentimiento de culpa muy grande, hay que saber derivarla a la psicóloga. Si ves que unos pacientes tienen muchas dudas referentes a si están realizando el tratamiento adecuado o no, debes saber invitarles a hablarlo abiertamente con su médico. Y también veo muy importante que sepamos ponernos en la piel de los pacientes. Yo, por ejemplo, cuando las pacientes tienen miedo a pincharse la medicación, he llegado a pincharme a mí misma en la barriga delante de ellas para que vean que es fácil, que no duele, que no tiene que ser traumático. Todas pueden ser capaces de preparar la medicación y pincharse con un poco de ayuda. Es importante lograr que tengan confianza en ellas mismas, que se valoren a sí mismas.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

A.R.: Lo que más me gusta es que es un trabajo muy activo y que casi cada día puedo aprender cosas nuevas. Y no me gusta que a veces no dispongo del tiempo suficiente para cada una de las personas.

H.P.: Hombres y mujeres suelen llevar sus emociones de forma muy distinta ante un diagnóstico y un tratamiento de infertilidad. ¿Qué diferencias de género sueles observar en la consulta de reproducción?

A.R.: Los señores suelen llegar con actitud de “vengo a que me expliquen y ya decidiré”. Las señoras esperan recibir la pócima mágica que lo solucione todo. Ellas dicen “sí” a todo, vienen muy dispuestas a realizar todas las pruebas y tratamientos que hagan falta. A ellos les cuesta más, suelen pensarlo más. En el CIRH, realmente la parte de Andrología es un punto fuerte y, cuando se le dice a un paciente que tiene que pincharse o realizarse una biopsia testicular, no lo esperan y se angustian más que la mujer. Otra diferencia que acostumbro a observar se da en el momento de recibir la noticia de una prueba de embarazo negativa. Ellos se lo toman peor porque no suelen contemplar la posibilidad de que pueda ir mal un tratamiento, mientras que las mujeres (que tendemos a ser muy organizadas y a anticiparnos a todo) suelen llevarlo mejor enfocándose enseguida en el siguiente paso para llegar a la solución. También me doy cuenta de que ellas a menudo presentan un sentimiento de culpa muy profundo, mientras los hombres a veces relacionan equivocadamente la infertilidad con la falta de virilidad. Además, a ellos siempre les cuesta mucho más aceptar los tratamientos que requieren ayuda de un donante de semen.

H.P.: Cuéntanos alguna experiencia vivida en la clínica que nunca olvidarás…

A.R.: Recuerdo a una paciente que después de hacerse la Transferencia Embrionaria, cuando fui a avisarla para decirle que ya se podía ir, me dijo si podía hacerme una pregunta. Su pregunta fue: “¿Tú conoces a mi donante de óvulos? Sé que no puedes darme información y no necesito saber cómo es ni a qué se dedica. Solamente me gustaría saber cómo se encuentra la chica. ¿Se encuentra bien? ¿Ha ido todo bien?”. Su inquietud me impactó y me gustó que lo preguntara, su buen corazón. Rápidamente le contesté que sí, que había ido todo bien y que dejaría una nota en la historia clínica de la donante apuntando que su receptora se había interesado por ella para transmitírselo si volvía a la clínica.

H.P.: ¿Cómo ves el futuro de la Reproducción Asistida?

A.R.: Veo que la Reproducción Asistida evoluciona continuamente. Se está investigando mucho sobre medicaciones que sean más fáciles de administrar por parte de las pacientes y creo que en un futuro muy cercano alguien inventará la manera de que no tengan que pincharse, de que toda la medicación pueda administrarse por vía oral o con parches. Esto, sin duda, disminuiría su angustia. También me doy cuenta de que últimamente se están abriendo muchas clínicas nuevas pequeñitas y me da miedo que no tengan los medios para poder ofrecer el mejor servicio a los pacientes. La proliferación de clínicas “low cost” de infertilidad puede ser un riesgo para la salud de los pacientes y puede dañar la imagen de la profesión.

Entrevista a Felipe del Rio: Embriólogo del Laboratorio de Fecundación In Vitro (FIV).

Felipe Del Rio
Felipe Del Rio

Listísimo y audaz, Felipe disfruta como un niño el día de Reyes hablándonos de su quehacer diario.

Hoy la entrevista refleja la mirada de Felipe:

H.P.: Explícanos cómo surgió tu interés por la Reproducción Asistida y como fueron tus inicios en el CIRH.

F.R.: Yo vine en el 2002 a Barcelona para cursar un master en esta especialidad. Vine con la idea de volver a Santander (de donde soy) y montar allí un centro de Reproducción Asistida. Un ginecólogo de Santander me conocía y me lo propuso. Al llegar a Barcelona y mientras cursaba el master, empecé a hacer prácticas en el CIRH. Finalizado el master, cuando llegó el momento de regresar a casa, se truncó la posibilidad de abrir el centro. Así que hablé con el Dr. Brassesco y me acogió la familia del CIRH que en aquel entonces era bastante más pequeña, pues el equipo lo formaban tan sólo once personas.

H.P.: El laboratorio de Fecundación In Vitro es una zona privilegiada de la clínica de RA, ya que es donde se lleva a cabo la unión óvulo-espermatozoide y se realiza el desarrollo embrionario. Por parte de los pacientes, suele haber bastante desconocimiento sobre la figura del embriólogo y el laboratorio, en el que se trabaja bajo condiciones de máxima asepsia, con acceso restringido, luz tenue y filtración de aire, que le dan un aire “misterioso” que algunos comparan con el laboratorio del Dr. Frankenstein. Explícanos lo que pasa ahí dentro, vuestras funciones. ¿Cómo empieza el día un embriólogo? ¿En qué consiste tu jornada laboral?

F.R.: Nosotros básicamente juntamos gametos para conseguir embriones. Nuestra misión consiste en observarlos y cuidarlos. Darles temperatura, buenas condiciones atmosféricas y alimento. Somos los responsables de controlar los incubadores donde mantenemos el cultivo de los embriones para conseguir las mejores condiciones de desarrollo. Todos nuestros incubadores tienen un sistema de alarma para poder asegurar un riguroso control de esas condiciones de cultivo. Y los 2 o 3 dias que compartimos con los embriones tratamos de mimarles. A primera hora realizamos la observación y valoración de los embriones, de la fecundación. Después estamos con las punciones de ese día, las inseminaciones de los ovocitos que hemos recuperado y transferencias de embriones de días previos. También hacemos vitrificaciones, descongelaciones y Diagnóstico Genético Pre-Implantacional (DGPI). El DGPI, en resumidas cuentas, es extraer una o varias células de los embriones para hacer un análisis genético de cada embrión. Saber si son aptos genéticamente o no para poder transferirlos.

H.P.: Uno de los puntos “fuertes” del CIRH es la comunicación con los pacientes, nuestro valor de proximidad en el trato con ellos. Aunque los biólogos no tenéis una posición tan privilegiada como los médicos en este sentido y a veces puede parecer que las oportunidades de relacionaros directamente con los pacientes son tecnocráticas y veloces, ¿Cómo logras empatizar y “conectar” con ellos? ¿Qué sientes cuando hay que transmitir malas noticias? ¿Qué observaciones tienes de ellos a nivel emocional?

F.R.: Nosotros hablamos cada día con los pacientes por teléfono. Una vez hemos unido los gametos, les vamos informando de la evolución del ciclo. Habitualmente las noticias son buenas. Pero cuando no es así, tratamos de explicarles con toda la claridad que podemos lo que ha ocurrido e intentamos empatizar con ellos y trasladarles nuestra pena. Darles ánimos tras el fracaso que hemos tenido.  Eso sí, a veces se mantiene un poco la “distancia”, no vas demasiado allá, porque es difícil mostrar sentimientos a través del teléfono. Esto nos limita mucho. Además son llamadas de carácter muy informativo. Pero, cuando las pacientes muestran ansiedad, intentamos encauzar esa ansiedad para su tranquilidad. Por otro lado, nuestra relación con los pacientes sí es presencial en el momento de la transferencia embrionaria. En ese momento, informamos de la evolución de los embriones en ese último día. Aquí también intentamos que la comunicación del estado evolutivo de los embriones sea muy sincera y tratamos de aconsejarles el número de embriones a transferir en función de su calidad para intentar conseguir un embarazo óptimo. La gran mayoría de pacientes intenta transferir dos embriones y, en muchas ocasiones, intentamos convencerles de que transfieran tan sólo uno porque las posibilidades de dos embriones por separado siguen siendo las mismas que las posibilidades de los dos juntos y siempre es menos riesgosa una gestación única. Tratamos de explicarles que el programa de vitrificación de embriones es muy bueno y que no perderán los embriones tras el proceso de descongelación. Los pacientes suelen dejarse guiar bastante por nuestro criterio. En las transferencias, la reacción emocional que observo en las mujeres es más ansiedad que miedo. Es ansiedad por tener el resultado futuro y pasar el “trago” de la transferencia. A muchas les preocupa levantarse de la camilla y moverse, nos preguntan si es recomendable que hagan reposo y les explicamos que no les favorecerá en nada. Las animamos a que salgan e intenten pensar menos, pues la suerte ya está echada. Algunas, a pesar de estas recomendaciones, solicitan estar más tiempo en camilla. Por regla general, las tenemos tumbadas 10 o 15 minutos y si lo solicitan 10 minutos más, pero médicamente no está indicado.  En cuanto a los hombres, las reacciones son variadas. Muchos están muy implicados en el proceso de transferencia y otros delegan más en sus mujeres.

H.P.: Cada vez tenemos más casos de mujeres que acuden al centro para vitrificar sus óvulos. No sólo las pacientes oncológicas que desean preservar su fertilidad antes de realizar tratamientos de radio y/o quimioterapia, sino también mujeres que vitrifican sus óvulos para posponer la maternidad por razones personales (motivos profesionales, no haber encontrado a la pareja adecuada, consolidar una relación antes de buscar descendencia, etc.). ¿Qué nos puedes explicar al respecto? ¿Cómo suelen mostrarse estas pacientes? ¿Qué inquietudes suelen transmitirte?

F.R.: Tan solo hace unos 8 años que se está realizando esta técnica y tenemos pocos datos. No hemos encontrado un parámetro que pueda predecir el posible éxito posterior de estos ovocitos vitrificados (ni parámetros como la FSH ni la HAM pueden predecir el futuro). Veo que la información que se está mostrando al público a través de los medios de comunicación es confusa en el sentido de “todo el mundo vale” y “es bueno para todos”. Se despierta ese instinto de querer conservar la fertilidad en gente que ya ha pasado la edad crítica de los 35-36 años. La gente más joven, en edades reproductivas óptimas, no se plantea preservar su fertilidad o da por hecho que no tendrá problemas para concebir cuando quiera. En todo caso, puede ser una buena opción para las pacientes oncológicas. Y también para el resto, siempre y cuando sean conscientes de la delicadeza del material con el que trabajamos y comprendan la información de que el éxito no está garantizado.

Estas pacientes suelen presentar esperanza pero a la vez están muy asustadas, muestran temor. El hecho de dejar ahí sus ovocitos vitrificados, como a corto plazo no va a tener un resultado visible, hace que muestren temor, les preocupa que los óvulos se estropeen con el paso de los años. No conciben que, una vez se vitrifican, no pasan los años por ellos. Así que intentamos tranquilizarlas en ese sentido.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

F.R.: Seguramente pensar que estoy colaborando en conseguir el sueño de mucha gente. Si tener un hijo es bonito, ayudar a alguien a hacerlo a mí me llena mucho.

H.P.: Cuéntanos alguna experiencia vivida en la clínica que nunca olvidarás…

F.R.: Nunca olvidaré el caso de una paciente a la que traté en la transfer, ayudé a transferir sus embriones y pude ver su parto después. Esto fue algo muy impactante para mí. Coincidió que el día del parto estaba por allí y pude entrar a la sala de partos y presenciar el suyo.  Además, como estuvimos hablando bastante el día de la transferencia, ella me reconoció enseguida y me hizo mucha ilusión.

H.P.: Se está estudiando el poder regenerativo de las células madre para solventar problemas de fertilidad. Se habla por ejemplo, de su potencial para obtener óvulos y espermatozoides in vitro.  ¿Qué futuro nos espera? ¿Crees que podremos presenciar cómo el objetivo se hace realidad? ¿O quedan muchos años de investigación?

 F.R.: Yo creo que verlo sí lo veremos, pero quizá no participemos en esos éxitos. Pienso que quedan años de estudio y muchas pruebas para poder implantarlo en la clínica diaria. Creo que las primeras aplicaciones estarán más enfocadas hacia la reparación de células del corazón, que ya se está haciendo. Probablemente todo seguirá de momento en ese campo. Y a nivel sexual creo que será más complicado, que tardaremos mucho en llegar, pero seguro que llegaremos.