Entrevista a Felipe del Rio: Embriólogo del Laboratorio de Fecundación In Vitro (FIV).

Felipe Del Rio
Felipe Del Rio

Listísimo y audaz, Felipe disfruta como un niño el día de Reyes hablándonos de su quehacer diario.

Hoy la entrevista refleja la mirada de Felipe:

H.P.: Explícanos cómo surgió tu interés por la Reproducción Asistida y como fueron tus inicios en el CIRH.

F.R.: Yo vine en el 2002 a Barcelona para cursar un master en esta especialidad. Vine con la idea de volver a Santander (de donde soy) y montar allí un centro de Reproducción Asistida. Un ginecólogo de Santander me conocía y me lo propuso. Al llegar a Barcelona y mientras cursaba el master, empecé a hacer prácticas en el CIRH. Finalizado el master, cuando llegó el momento de regresar a casa, se truncó la posibilidad de abrir el centro. Así que hablé con el Dr. Brassesco y me acogió la familia del CIRH que en aquel entonces era bastante más pequeña, pues el equipo lo formaban tan sólo once personas.

H.P.: El laboratorio de Fecundación In Vitro es una zona privilegiada de la clínica de RA, ya que es donde se lleva a cabo la unión óvulo-espermatozoide y se realiza el desarrollo embrionario. Por parte de los pacientes, suele haber bastante desconocimiento sobre la figura del embriólogo y el laboratorio, en el que se trabaja bajo condiciones de máxima asepsia, con acceso restringido, luz tenue y filtración de aire, que le dan un aire “misterioso” que algunos comparan con el laboratorio del Dr. Frankenstein. Explícanos lo que pasa ahí dentro, vuestras funciones. ¿Cómo empieza el día un embriólogo? ¿En qué consiste tu jornada laboral?

F.R.: Nosotros básicamente juntamos gametos para conseguir embriones. Nuestra misión consiste en observarlos y cuidarlos. Darles temperatura, buenas condiciones atmosféricas y alimento. Somos los responsables de controlar los incubadores donde mantenemos el cultivo de los embriones para conseguir las mejores condiciones de desarrollo. Todos nuestros incubadores tienen un sistema de alarma para poder asegurar un riguroso control de esas condiciones de cultivo. Y los 2 o 3 dias que compartimos con los embriones tratamos de mimarles. A primera hora realizamos la observación y valoración de los embriones, de la fecundación. Después estamos con las punciones de ese día, las inseminaciones de los ovocitos que hemos recuperado y transferencias de embriones de días previos. También hacemos vitrificaciones, descongelaciones y Diagnóstico Genético Pre-Implantacional (DGPI). El DGPI, en resumidas cuentas, es extraer una o varias células de los embriones para hacer un análisis genético de cada embrión. Saber si son aptos genéticamente o no para poder transferirlos.

H.P.: Uno de los puntos “fuertes” del CIRH es la comunicación con los pacientes, nuestro valor de proximidad en el trato con ellos. Aunque los biólogos no tenéis una posición tan privilegiada como los médicos en este sentido y a veces puede parecer que las oportunidades de relacionaros directamente con los pacientes son tecnocráticas y veloces, ¿Cómo logras empatizar y “conectar” con ellos? ¿Qué sientes cuando hay que transmitir malas noticias? ¿Qué observaciones tienes de ellos a nivel emocional?

F.R.: Nosotros hablamos cada día con los pacientes por teléfono. Una vez hemos unido los gametos, les vamos informando de la evolución del ciclo. Habitualmente las noticias son buenas. Pero cuando no es así, tratamos de explicarles con toda la claridad que podemos lo que ha ocurrido e intentamos empatizar con ellos y trasladarles nuestra pena. Darles ánimos tras el fracaso que hemos tenido.  Eso sí, a veces se mantiene un poco la “distancia”, no vas demasiado allá, porque es difícil mostrar sentimientos a través del teléfono. Esto nos limita mucho. Además son llamadas de carácter muy informativo. Pero, cuando las pacientes muestran ansiedad, intentamos encauzar esa ansiedad para su tranquilidad. Por otro lado, nuestra relación con los pacientes sí es presencial en el momento de la transferencia embrionaria. En ese momento, informamos de la evolución de los embriones en ese último día. Aquí también intentamos que la comunicación del estado evolutivo de los embriones sea muy sincera y tratamos de aconsejarles el número de embriones a transferir en función de su calidad para intentar conseguir un embarazo óptimo. La gran mayoría de pacientes intenta transferir dos embriones y, en muchas ocasiones, intentamos convencerles de que transfieran tan sólo uno porque las posibilidades de dos embriones por separado siguen siendo las mismas que las posibilidades de los dos juntos y siempre es menos riesgosa una gestación única. Tratamos de explicarles que el programa de vitrificación de embriones es muy bueno y que no perderán los embriones tras el proceso de descongelación. Los pacientes suelen dejarse guiar bastante por nuestro criterio. En las transferencias, la reacción emocional que observo en las mujeres es más ansiedad que miedo. Es ansiedad por tener el resultado futuro y pasar el “trago” de la transferencia. A muchas les preocupa levantarse de la camilla y moverse, nos preguntan si es recomendable que hagan reposo y les explicamos que no les favorecerá en nada. Las animamos a que salgan e intenten pensar menos, pues la suerte ya está echada. Algunas, a pesar de estas recomendaciones, solicitan estar más tiempo en camilla. Por regla general, las tenemos tumbadas 10 o 15 minutos y si lo solicitan 10 minutos más, pero médicamente no está indicado.  En cuanto a los hombres, las reacciones son variadas. Muchos están muy implicados en el proceso de transferencia y otros delegan más en sus mujeres.

H.P.: Cada vez tenemos más casos de mujeres que acuden al centro para vitrificar sus óvulos. No sólo las pacientes oncológicas que desean preservar su fertilidad antes de realizar tratamientos de radio y/o quimioterapia, sino también mujeres que vitrifican sus óvulos para posponer la maternidad por razones personales (motivos profesionales, no haber encontrado a la pareja adecuada, consolidar una relación antes de buscar descendencia, etc.). ¿Qué nos puedes explicar al respecto? ¿Cómo suelen mostrarse estas pacientes? ¿Qué inquietudes suelen transmitirte?

F.R.: Tan solo hace unos 8 años que se está realizando esta técnica y tenemos pocos datos. No hemos encontrado un parámetro que pueda predecir el posible éxito posterior de estos ovocitos vitrificados (ni parámetros como la FSH ni la HAM pueden predecir el futuro). Veo que la información que se está mostrando al público a través de los medios de comunicación es confusa en el sentido de “todo el mundo vale” y “es bueno para todos”. Se despierta ese instinto de querer conservar la fertilidad en gente que ya ha pasado la edad crítica de los 35-36 años. La gente más joven, en edades reproductivas óptimas, no se plantea preservar su fertilidad o da por hecho que no tendrá problemas para concebir cuando quiera. En todo caso, puede ser una buena opción para las pacientes oncológicas. Y también para el resto, siempre y cuando sean conscientes de la delicadeza del material con el que trabajamos y comprendan la información de que el éxito no está garantizado.

Estas pacientes suelen presentar esperanza pero a la vez están muy asustadas, muestran temor. El hecho de dejar ahí sus ovocitos vitrificados, como a corto plazo no va a tener un resultado visible, hace que muestren temor, les preocupa que los óvulos se estropeen con el paso de los años. No conciben que, una vez se vitrifican, no pasan los años por ellos. Así que intentamos tranquilizarlas en ese sentido.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

F.R.: Seguramente pensar que estoy colaborando en conseguir el sueño de mucha gente. Si tener un hijo es bonito, ayudar a alguien a hacerlo a mí me llena mucho.

H.P.: Cuéntanos alguna experiencia vivida en la clínica que nunca olvidarás…

F.R.: Nunca olvidaré el caso de una paciente a la que traté en la transfer, ayudé a transferir sus embriones y pude ver su parto después. Esto fue algo muy impactante para mí. Coincidió que el día del parto estaba por allí y pude entrar a la sala de partos y presenciar el suyo.  Además, como estuvimos hablando bastante el día de la transferencia, ella me reconoció enseguida y me hizo mucha ilusión.

H.P.: Se está estudiando el poder regenerativo de las células madre para solventar problemas de fertilidad. Se habla por ejemplo, de su potencial para obtener óvulos y espermatozoides in vitro.  ¿Qué futuro nos espera? ¿Crees que podremos presenciar cómo el objetivo se hace realidad? ¿O quedan muchos años de investigación?

 F.R.: Yo creo que verlo sí lo veremos, pero quizá no participemos en esos éxitos. Pienso que quedan años de estudio y muchas pruebas para poder implantarlo en la clínica diaria. Creo que las primeras aplicaciones estarán más enfocadas hacia la reparación de células del corazón, que ya se está haciendo. Probablemente todo seguirá de momento en ese campo. Y a nivel sexual creo que será más complicado, que tardaremos mucho en llegar, pero seguro que llegaremos.

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