El aborto espontáneo, una experiencia silenciada

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Del aborto involuntario U. no habla, no lo menciona en su biografía, se vuelve tabú. Tanto para U. como para su pareja, se convierte en el secreto del que nadie se interesa. Los dos sufren en silencio el duelo por lo que pudo haber sido una vida y se perdió. Ninguno de los dos olvida y ambos recuerdan en solitario al niño que nunca nació. Calendarizando en forma de fechas y expectativas, convierten en culpa algo que ocultar, dejando un vacío insalvable entre ellos.

El caso de U. y J.M no es más que un caso de tantos, resultado de una sociedad que, en plena era de la información, todavía conceptualiza el aborto como algo que no debe suceder y se contrapone a la función reproductiva esperada de la mujer, así como a la también esperada “virilidad” del hombre. Exactamente igual que ocurre con cualquier problema de infertilidad. Esto provoca una negación del suceso y una represión de los sentimientos que éste genera.  Lo que no tiene voz, acaba convirtiéndose en silencio e invisibilidad social.

Sin embargo, el aborto espontáneo es más habitual de lo que se suele creer. La biología de un embarazo es muy compleja y delicada, siendo el aborto espontáneo la complicación más frecuente en la gestación, alcanzando una frecuencia del 15%-20% del total de embarazos reconocidos. No obstante, ésta es una cifra imprecisa, ya que a veces la gestación es tan breve que muchas mujeres, antes de darse cuenta de que están embarazadas, pueden tener un aborto confundiendo la pérdida con la menstruación más abundante o simplemente con un retraso de la misma. Por tanto, dicen los expertos que, al no ser reportados estos casos ni integrados en las estadísticas, las tasas de aborto espontáneo pueden estar acercándose al 40%-50% y, en la mayoría de los casos, se desconoce la causa para explicar lo ocurrido.

La pérdida de un embarazo es algo repentino y generalmente imposible de evitar, un mecanismo natural del organismo que reacciona ante un problema. Multitud de mujeres y parejas pasan por esta dolorosa experiencia durante su etapa fértil y sin embargo socialmente no está previsto que esto ocurra. A la mayoría de las personas les resulta incómodo hablar de ello aunque a veces, cuando sufres un aborto inesperado, descubres que tu entorno está lleno de mujeres que también lo han sufrido. Es cierto que conocer estos testimonios, no suele servir de consuelo a las parejas, que viven el duelo con mucho dolor, pero sentirse menos solos les puede ayudar a conectar y reorganizar sentimientos. Y es que, existen aspectos emocionales ligados al aborto espontáneo que es imposible negar: Dolor, pena, miedo a un nuevo embarazo y un verdadero duelo por el proyecto de hijo amado, son sentimientos que no pueden obviarse.

Es evidente que el aborto es una realidad poco normalizada y muy callada, aunque forma parte de la naturaleza y de nuestros procesos gestacionales. Y cuando alguien recibe una noticia así, sin tener referentes sobre lo qué le ocurre, sin entender los desequilibrios hormonales y altibajos emocionales que comporta, se siente desamparado y a oscuras.

Constantemente me encuentro con pacientes que me explican que, cuando se deciden a dar el “salto” y contar que han tenido o están teniendo un aborto, se encuentran con comentarios bienintencionados, pero totalmente equivocados y desafortunados, fruto de creencias populares irracionales que todavía nos inculcan. Este hecho se traduce en frases como: “esto no es nada”, “eran tan sólo células”, “el tiempo lo cura todo”, “tenéis que olvidar”, “estás demasiado estresada, seguro que ha ocurrido porque trabajas demasiado”, “ya tendrás otro hijo pronto”, “aún eres joven, puedes tener otro bebé”, “por lo menos esta pérdida sucedió ahora”, “mujer legrada mujer embarazada”, “tienes más hijos”, “tienes que ser fuerte”, etc.  Estos comentarios inapropiados hacen que la mujer se culpe a sí misma (estableciendo una falsa identificación del estrés o su estilo de vida como causa del problema, cuando esto no tenía nada que ver y ella no podía hacer nada porque el aborto era inevitable) y sólo contribuyen a que ambos miembros de la pareja no legitimen, no se den permiso para estar en duelo, para estar vulnerables. La pareja llega a sentir que no se le permite hablar sobre su pérdida, experimentando un duelo incomprendido y desautorizado. Uno de los principales problemas a la hora de elaborar un duelo correctamente es la negación, hacer como si no hubiese pasado nada. La pena asociada al aborto es única, ya que no se basa en experiencias o recuerdos sino en lazos afectivos prenatales, es decir, se basa en deseos y fantasías. En otros duelos, el doliente tiene la oportunidad de llorar, tiene derecho a deprimirse durante un tiempo, a despedirse. Aquí no. Se dan situaciones como abortar e ir a trabajar el mismo día o al día siguiente. Nuestra sociedad está fijada en la negación de la muerte en el vientre materno, con lo que muchas personas se quedarán fijadas ahí también y no podrán avanzar en el proceso de duelo. “No lo veo, luego no existe, aquí no ha pasado nada”. Y es que la aceptación social del trauma influye en la recuperación emocional y psicológica de estos padres, que necesitan disponer de espacios donde expresar sus sentimientos y que éstos no sean negados o minimizados.

Es hora de ir rompiendo tabúes que atentan contra nuestra persona, contra nuestros cuerpos y contra la misma naturaleza. Porque, en definitiva, existen muchas versiones de mujer y de pareja. Y también diversas versiones de ciclos menstruales, de gestaciones, de abortos, de maternidades y de postparto. Y no debemos culparnos ni avergonzarnos de ninguna de ellas.

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