Un sueño casi cumplido

Cuando pienso en Keiko (seudónimo elegido por la paciente), siempre la imagino sonriendo, pues en todas y cada una de las visitas que hemos tenido ha acudido con una sonrisa en los labios a pesar de estar sufriendo. Keiko tuvo que pasar por el fuerte impacto emocional que suponen los abortos pero supo elaborar el duelo y su lucha está a punto de llegar al objetivo, pues se encuentra en la recta final de su embarazo. ¡Ya tengo ganas de conocer a la niña!.

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Muchas gracias por compartir tu experiencia. Aquí os dejo su relato:

Hace dos años y medio que iniciamos el complicado camino “en busca de la paternidad”, durante este tiempo hemos pasado por experiencias muy duras que realmente no te puedes imaginar lo que se siente hasta que no lo vives en primera persona.

Tomamos la decisión de querer ser padres en junio de 2012, con toda la ilusión del mundo nos pusimos manos a la obra y para nuestra sorpresa en el primer mes conseguimos el objetivo, no nos lo creíamos, yo pensaba ¡¡¡qué suerte acertar el primer mes!!!, pero la alegría nos duró muy poquito, en la semana de gestación tuve mi primera pérdida. Fue muy duro, porque al menos yo al quedarme embarazada no imaginé nunca que yo pudiera tener un aborto, me pilló por sorpresa, nunca pensé que algo malo le podía pasar al feto… Todo el mundo me intentaba animar diciéndome que a muchas personas les pasa lo mismo, que es normal, que no me preocupara que seguro que me quedaría otra vez embarazada pronto, que somos muy jóvenes… y que estaba de muy poco tiempo. Sinceramente, cada vez que alguien me decía algo así me enfadaba muchísimo, no sentí mucho apoyo a mi alrededor, todo el mundo le intentaba quitar importancia al asunto y a mi personalmente eso me molestaba muchísimo.

En septiembre, mi ginecóloga de aquel momento nos dio luz verde para volver a intentar buscar un nuevo embarazo y en noviembre lo volvimos a conseguir. Esta vez la inocencia del primer embarazo ya la había perdido, estaba asustada por todo, me daba miedo volver a perder otro embarazo. Me intenté resguardar pensando en que no podía tener tan mala suerte como para perder un segundo embarazo, yo ya había experimentado lo que era una pérdida y que no era justo que volviera a sucederme a mí. Me lo repetía como un mantra e incluso llegué a creérmelo, aunque seguía viviendo con mucha ansiedad el embarazo. Hasta que una mañana me levanté y sentí que algo iba mal, se lo dije a mi marido y fuimos de urgencias al ginecólogo sin tener ningún síntoma, mi ginecóloga me miró mal pensando que era una histérica, pero al hacerme la ecografía para tranquilizarnos, vio que al feto ya no le latía el corazón… estaba de 11 semanas, al borde de acabar el primer trimestre y pasar “el periodo de riesgo”.

Esta época fue horrible, perdí la esperanza, no paraban de hacernos pruebas de todo tipo y no veían nada anormal. Después de seis meses de pruebas y sin resultados negativos, la doctora nos dijo que podíamos reanudar la búsqueda.

Aquí empezamos una nueva etapa, la de la obsesión, yo quería ser madre y quería ser madre ¡ya!, entonces empecé a controlar ovulaciones, hacerme test de embarazo… un sin vivir vivía para quedarme embarazada y el embarazo no aparecía por ningún lado. Aquí fue cuando experimenté cómo te sientes cuando no consigues lo que más deseas en el mundo y fue una época que viví con mucha frustración, en parte supongo porque muchas de mis amigas se quedaron embarazadas. Cada vez que alguna me decía que estaba embarazada, la primera reacción era de ira, rabia, envidia y encima me sentía fatal por no poder alegrarme por ellas.

Durante este periodo de búsqueda empecé a tener una sudoración excesiva sólo por las noches y fui al médico de primaria ya que yo pensaba que podía ser del estrés de la búsqueda, pero el doctor me comentó que podía ser algo hormonal o de tiroides y me fui directamente a mi ginecóloga por si podía tener algo que ver con el NO embarazo. Ella me pidió unos análisis hormonales más completos que los que me hizo por los abortos y aquí es donde empezó la tercera etapa de nuestra búsqueda.

El resultado de esos análisis fue “hormona antimuleriana baja”, que en resumen es un fallo ovárico prematuro y me diagnosticaron directamente a infertilidad. Cuando entendí que significaba tener un fallo ovárico prematuro me hundí en la miseria, entré en estado de shock y empecé a pensar que nunca podría ser madre. No aceptaba que con 32 años, mi aparato reproductor estuviera envejecido.

Visité varias clínicas de reproducción asistida, desconfiaba de todas me daba la sensación de que todos me querían vender la moto, hasta que llegué al Dr. Brassesco que fue junto con el Dr. Puig (mi ginecólogo actual) los que me dieron un poco de luz a mi caso, por varios motivos en primer lugar porque descubrieron que mis abortos eran debidos a un tema inmunológico y me dieron la solución a mi problema, en segundo lugar porque me dieron esperanza a un nuevo embarazo y en tercer lugar porque empecé tratamiento psicológico con Helga que me ha enseñado a no vivir de una manera traumática todo este proceso.

En verano de 2014, empezamos nuestro primer tratamiento In Vitro. Para mi el tratamiento en sí no fue duro, no me resulto difícil tener que pincharme. En todo momento el Dr. Brassesco fue muy sincero con mi caso, me avisó de antemano que probablemente no tendría demasiados óvulos, que intentaríamos que me quedara embarazada con mis propios óvulos, pero también me informo que había otras opciones como la ovodonación que sería mi plan B. Después de toda la estimulación pudimos conseguir 2 embriones para implantar. La betaespera la llevé bastante bien, con Helga decidimos que no tenía que preocuparme sino ocuparme, y así lo hice fueron dos semanas intensas de cafés con amigas, tiendas,… e hizo la espera algo más amena. Cuando me dieron el resultado negativo de la beta, fue un drama, me resultó duro asumir que tampoco había funcionado, sólo pensaba “no me quedo embarazada ni pagando”, pero había que seguir adelante, llegaba agosto y decidimos desconectar hasta septiembre que volveríamos a hacer un nuevo intento.

Y no sé cómo ni porque durante el verano me quedé embarazada, y para mi sorpresa de forma natural, cuando nos hicimos el predictor ni nos lo creíamos. Los primeros tres meses han sido un poco duros por miedos a pérdidas pero ahora puedo decir que estoy viviendo bien el embarazo.

Ahora que veo con perspectiva todo lo que hemos vivido, sólo puedo decir que lo hemos pasado muy mal, yo he vivido muy intensamente cada etapa de este camino, pero ahora me doy cuenta que no se ha de perder la esperanza y yo doy las gracias a todo el equipo del  CIRH y al Dr. Puig porque gracias a ellos hemos seguido intentándolo hasta conseguir lo que buscábamos.”

Keiko

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