Entrevista al Dr. Enrique Fabián: Andrólogo.

Enrique es el reflejo de una pasión por la vida, por la Medicina (así, en mayúsculas). Dotado de gran experiencia y de una gracia especial que forma parte de su piel, su gentileza y calidez es incapaz de dejar indiferente a nadie.

Dr. E. Fabián
Dr. E. Fabián

Hoy Enrique toma la palabra:

H.P.: Explícanos como fueron tus inicios en el mundo de la Medicina Reproductiva y qué evolución has presenciado en esta materia…

E.F.: Después de cursar la residencia en Cirugía en Brasil, me encontraba ejerciendo como médico de pueblo en la Amazonia. Allí, como te puedes imaginar, hacía de todo: Asistía partos, atendía picaduras de insectos, huesos rotos, etc. Era muy bonito y gratificante, aunque a veces angustiaba pensar que si no resolvíamos los problemas de los pacientes entre los cinco médicos que éramos ya no habría más opciones para ellos. La responsabilidad era muy grande.  El tema de los partos me encantaba y, de los cinco médicos, era el único que se atrevía con los fórceps cuando era necesario. Mis hijas eran pequeñas y vimos que era importante para su educación trasladarnos a un sitio con colegios. Un compañero andrólogo me recomendó venir a Barcelona a estudiar en la clínica Puigvert. Allí estudié la residencia en Andrología y conocí al Dr. Brassesco. Finalicé la residencia y tuve la oportunidad de seguir trabajando en este campo.  Mi mujer y mis hijas estuvieron de acuerdo en quedarse. Durante muchos años estuve trabajando en varios sitios a la vez y al final me quedé en el CIRH.

En cuanto a la evolución de la medicina reproductiva, todo ha cambiado mucho. La técnica avanza y eso es bueno, pero también me da miedo que llegue a deshumanizarse.

H.P.: Después de 20 años trabajando en el CIRH, si algo te caracteriza es tu lealtad incondicional hacia el Dr. Brassesco. ¿Cómo le definirías? ¿Cómo te sientes trabajando a su lado?

E.F.: Es un hombre que le gusta lo que hace, entiende del tema y tengo canal abierto para comunicarme cuando tengo dudas. Es la primera persona a quien consulto y he aprendido mucho con él.  La relación entre nosotros es buena, le tengo confianza como médico. En su día me dio la oportunidad de trabajar y siento gratitud hacia él.

H.P.: Es habitual que nuestros pacientes, durante el diagnóstico de infertilidad y los tratamientos, se enfrenten a un desgaste emocional importante. ¿Qué tipo de reacciones y sentimientos observas con más frecuencia? ¿Cómo intentas aligerar esa carga emocional en el trato con ellos?

E.F.: La gente viene angustiada. No entraba en su plan de vida venir a visitarnos. A veces echan la culpa al médico de su problema. Escucharles suele ser lo más útil. Trato de tranquilizarles sin engañarles y sin dramatizar (no hay que alimentar el drama). El tema económico también pesa.  Hay que ser conscientes de que decirle a una paciente “vuelve a intentarlo” es fácil, pero esa paciente está poniendo todo su esfuerzo y dinero y a veces no tiene recursos para seguir intentándolo. Por eso debemos ser honestos con los pacientes y ser realistas en el pronóstico.

H.P.: Las parejas que acuden a nuestro centro deben aceptar que, en su proyecto de concebir que habían imaginado como algo íntimo de dos personas, será necesaria la intervención de otros. Es decir, el proceso requerirá de la ayuda de profesionales. En nuestro ámbito, en el que convergen las libertades y limitaciones de lo privado, ¿Cómo consigues transmitir empatía y complicidad?

E.F.: Pues no lo sé. Supongo que trato las cosas con naturalidad, con normalidad. Cuando empecé a trabajar en reproducción, a veces me sentía “cortado” al realizar determinadas preguntas indiscretas pero, poco a poco, vas viendo que es necesario hacerlas como médico y vas desarrollando naturalidad. Intento que los pacientes se sientan cómodos, crear un vínculo para que me vean próximo, para que se relajen. Como te decía, escuchar al paciente es muy importante. Siempre estoy abierto a lo que me cuentan (incluso pequeñas cosas que no siempre tienen que ver con el problema de infertilidad). Me muestro interesado en mis pacientes y sus necesidades. Si me llaman por teléfono, siempre les atiendo personalmente. Si envían un correo electrónico, respondo a la mayor brevedad posible. A veces no tener resultados es una suma de angustias, así que hay que brindar apoyo emocional.

H.P.: Tu especialidad es la Andrología (anatomía, fisiología y patología del aparato reproductor masculino) y en los últimos años el factor masculino como causa de infertilidad ha ido en aumento. A nivel emocional, los hombres se están implicando cada vez más en los tratamientos. Cómo viven ellos su rol en esta ecuación de procrear? Cómo se muestran en tu consulta?

E.F.: Una gran diferencia que he observado entre hombres y mujeres es que el hombre es más reacio cuando tiene que aceptar un tratamiento con Donante de Semen que la mujer cuando necesita una Donante de Óvulos. Yo siempre les digo: “Si no estás seguro, no lo hagas”. Por lo demás, asumen bastante bien las cosas (ya vienen algo preparados, leen mucho en internet). También las intervenciones que no son de RA, como la vasectomía por ejemplo, te dicen que las hacen pensando en el bienestar de las mujeres, no quieren que se sometan a otras intervenciones traumáticas que pueden evitarse. Aceptan bastante bien que les hagas pruebas diagnósticas, que les hagas biopsias testiculares (aunque la mayoría vienen muertos de miedo), etc. También me transmiten que sienten que el instinto maternal es más grande que el paternal, y sufren mucho por sus mujeres intentando apoyarlas en todo momento.

H.P.: ¿Qué te gusta más de tu trabajo y por qué?

E.F.: Me gusta el trato con la gente y disfruto con los buenos resultados. Todavía se me ponen los “pelos de punta” cuando hago una eco y escucho el latido de un embrión. Y cuando detecto un aborto sigo derrumbándome y tengo ganas de irme corriendo de la consulta. Te diría que, después de 40 años dedicados a la medicina, me sigo implicando con mis pacientes como el primer día.

H.P.: Explícanos la anécdota más curiosa vivida en la clínica…

E.F.: Le pedí un seminograma a un paciente y le comenté que, antes de dejar la muestra de semen, sería bueno que estuviera 3 días de abstinencia. A los dos días, el señor vino muy angustiado preguntando si podíamos adelantar un día la prueba y si, después de dos días sin comer, estando tan débil, la muestra sería suficientemente buena. Me dieron unas ganas de reírme tremendas y a la vez me sentí fatal por no haber sabido explicarme mejor. Le pedí disculpas y le expliqué bien a qué tipo de abstinencia me refería.

H.P.: ¿En qué dirección crees que irá el futuro de la RA?

E.F.: Yo creo que cada vez más irá todo mecanizado y protocolizado, habrá más posibilidades técnicas.  Y, como te comentaba antes, aunque esto nos abrirá un mundo de posibilidades, me da un cierto miedo que se deshumanice la medicina. Para mí lo más importante para hacer buena medicina es la relación médico-paciente.

 

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